Lamentablemente, hice tránsito en São Paulo/Guarulhos, desplazándome entre Santiago de Chile y Fortaleza...

Ilustración generada con IA.
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Lamentablemente, hice tránsito en São Paulo/Guarulhos, desplazándome entre Santiago de Chile y Fortaleza. El que diseñó la ampliación de ese viejo aeropuerto de Guarulhos debió pensar en muchas cosas, pero no en los pasajeros, y es un desastre, con incómodas distancias inaceptables. La recogida de equipaje está pensada con los pies y en la zona de entrega de maletas para los vuelos domésticos de continuación ni siquiera tiene Latam, que cada vez merece menos aprecio, unos mostradores para los pasajeros de clase ejecutiva. De ahí hay que hacer un extenso recorrido a pie dentro de los edificios hacia las viejas terminales, que siguen siendo anticuadas y muy mal remodeladas.

Por lo menos en el área de vuelos domésticos han habilitado varias salas VIP, a las que Latam no da acceso, aunque vaya en clase ejecutiva o sea titular de una categoría alta de su programa de viajeros frecuentes, que están llenísimas y mal mantenidas. Lo que es peor son los embarques, mal organizados entre un hormiguero de gente. La compañía da prioridad en el acceso al avión a la gente mayor de sesenta años, menores y sus acompañantes, personas con problemas de cualquier tipo, mujeres y hombres embarazados… En resumen, que cuando el primer cliente de su clase ejecutiva de los aviones de fuselaje estrecho o titular de las categorías nobles del Latam Pass puede embarcar, ya lo ha hecho más de un tercio de las personas que van en ese vuelo.

Latam tiene la inaceptable costumbre de que en el aire permite acceder al aseo delantero a cualquiera, con lo cual hay casi permanentemente gente esperando en el pasillo de Premium Economy, en donde dan un infumable “snack” pese a ser un vuelo de casi cuatro horas. En Fortaleza, pese a estacionarnos en una posición en la que había pasarela telescópica, desembarcamos por las puertas delantera y trasera, como si hubiera que hacerlo en autobuses, pero se habilitó el finger. Eso sí, la parte agradable es lo amabilísima y servicial que es la gente de esa región brasileña.

En la cinta de recogida de equipajes, una talludita agente de handling preguntó si era yo (con mi nombre, que no sé cómo lo dedujo), para apoyarme con la recuperación de enseres y estuvo muy pendiente, porque la maleta se retrasó un poco con respecto a las de prioridad. Su sagacidad dedujo cuál era la mía y, cuando apareció, la señaló inmediatamente. Lo último que recomendaría para salir de Fortaleza en vuelo internacional es presentarse con mucha antelación, pues el acceso a la zona de los controles de seguridad y pasaportes está limitado a la arbitrariedad de la Policía Federal, que, con la excusa de que el área de embarque para esos vuelos es pequeña, no lo permite hasta hora y media o dos horas antes del despegue.

Pese a su reducido tamaño, hay tres salas VIP (lo confortable es estar fuera de ellas), tienda libre de impuestos, un par de tenderetes de productos locales y un punto de restauración. Lo mejor es que para ir a Madrid era un A321XLR de Iberia, que su clase Business es como viajar en un avión privado. A la llegada a Madrid-Barajas, fue estacionando en una posición remota, en la que los quioscos automatizados de control de pasaportes estaban la mitad fuera de servicio y los que funcionaban fallaban bastante, con unas colas inmensas sin ninguna organización. No sé si la culpa es de Aena o del Ministerio del Interior, pero da mala imagen de un país presuntamente avanzado.

La terminal D del aeropuerto de Palma de Mallorca ha reabierto, sin que se perciba para qué ha estado tantos meses cerrada por obras, aunque todavía no han terminado. Lo que no está todavía remodelada es la sala VIP, con lo cual sigue siendo incómoda, porque la más cercana que está operativa se sitúa bastante lejos de las puertas de embarque, con lo cual no merece la pena utilizarla.

Tuve un nuevo susto meteorológico en el aeropuerto de Tenerife-Norte (Los Rodeos) y ya son demasiadas veces. Se expandió peligrosamente una densa niebla antes de que llegara el vuelo que me tenía que trasladar a Madrid, poniendo en peligro un almuerzo en la capital de España, que al final se canceló. El avión de Iberia Express finalmente aterrizó y prácticamente despegamos en hora. Tanto en la ida como en el retorno, en la Clase Business pude disfrutar del magnífico catering de Do&Co, que prácticamente sirve en exclusiva a las aerolíneas de IAG y que, en mi opinión, es el mejor del mundo, por lo menos entre los que yo conozco.

He tenido un receso desde el 10 de mayo en mis vuelos intercontinentales y, para compensarlo, en pleno mes de agosto tengo que ir a Iberoamérica. Como es el mes de tranquilidad y de poner al día de todo tipo de asuntos con relax, he concentrado el visitar cuatro países en cuatro días, un auténtico palizón que compensa para estar el máximo tiempo posible en casa, que es donde pasan las mejores vacaciones la gente que viaja mucho. En total serán sólo cinco aeropuertos, desplazándome con cuatro aerolíneas diferentes y en cuatro modelos diferentes de birreactores de tres fabricantes distintos. (Javier Taibo)


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