Me transportó uno de los A350 de Iberia con la nueva configuración de cabina de “Business”...

Me transportó uno de los A350 de Iberia con la nueva configuración de cabina de “Business”, que tiene el inconveniente que carece de maleteros superiores en la parte central de la cabina, con lo que hay que concentrar el equipaje de mano en los laterales, en aras, se supone, de que el conjunto parezca más espacioso. A mí me es igual que lo parezca, pues es el volumen es el mismo y se elimina la comodidad de que todos los pasajeros tengan su propio “rack”, aumentando el riesgo de que haya que situar equipaje de mano incómodamente más lejos por estar llenos los más cercanos. 

 

También me sorprende que el accionamiento de la puerta del habitáculo de los pasajeros al principio lo tengan que accionar los tripulantes, al igual que bloquean el movimiento al final, para evitar que los clientes lo cierren durante el despegue y el aterrizaje… Quizás con esa misma desconfianza deberían de impedir que desabrochen los cinturones por sí mismos a la salida y a la llegada. Esa puerta da más privacidad, pero es innecesaria, ya que, por la configuración de los carenados de las butacas-cama, no se ve en ninguna posición a los otros pasajeros, pero sí a la gente que camina por el pasillo. En todo caso, como cada vez soy más autista, lo prefiero.

El control de seguridad del aeropuerto de Santiago de Chile, un país de corte occidental con criterios similares a los de Europa y con todas las certificaciones que se precisan, no ha requerido nunca que los pasajeros saquen de su equipaje de mano los ordenadores portátiles, ni los líquidos. Y nadie, ni los estadounidenses, se sienten inseguros por ello allí. Hay dos conclusiones posibles: que los europeos sabemos algo sobre que esos elementos son muy peligrosos y que ellos ignoran; o que esa medida no tenga ni la más mínima utilidad y que los europeos lo soslayen, que es lo que yo siento. 

En Santiago/“Arturo Merino Benítez” y sus modernas nuevas terminales sólo funcionan los pasillos móviles cuando perciben la presencia de un pasajero, a diferencia de aquí, que están en permanente movimiento, pese a los ampulosos anuncios sobre la sostenibilidad del conjunto del transporte aéreo y de ahorro energético. A veces los europeos no somos ya tan desarrollados como nos creemos. Para regresar, Iberia utiliza la sala VIP de Latam, pero una especial que no es para los mejores clientes de la chilena, aunque es muy decente. Yo me puedo aprovechar que tengo la categoría “Black” del programa de viajeros frecuentes de la aerolínea andina y accedo a la que quiero, aunque viaje con la española. 

En el vuelo de retorno casi me dan ganas de vomitar, pues el pasajero que había pasillo por medio decidió cambiarse de ropa para estar más cómodo y, sin mayor reparo, se quitó de pie en su plaza el pantalón, quedándose en ropa interior, y se puso un pijama. La educación está claro que no está correlacionada con el dinero. Lo compensó la mejor de los tripulantes de cabina de pasajeros, que tenía acento francés y era de origen netamente galo. Divertida, desinhibida, excelente profesional y magnífica en el trato al cliente, rompía el mito, que nunca compartí, que los ciudadanos del país vecino son distantes y antipáticos y desprecian a los españoles. 

Hacía muchísimo que no iba a Bruselas, pequeña capital que puede tener un tedioso tráfico. Como siempre, estacionaron mi avión, en este caso de Air Europa, en el lugar más alejado posible de la terminal. Mucho nos quejamos de nuestros precios y bajos ingresos, que no se suelen valorar objetivamente. En este caso, un taxi al hotel supuso bastante más del doble que en Madrid. El conductor se metió por dirección prohibida marcha atrás para ahorrarme 5 min. en la llegada a mi alojamiento, sin percatarse que estaba la policía, que le soltó una reprimenda, que justificó porque yo tenía prisa… y no le multaron. 

En el retorno, la sala VIP está a años luz de las españolas, otro motivo más para preferir nuestro país. Bueno, no siempre, porque en el aeropuerto de Granada, a primera hora de la noche, tuve que esperar un ratito a que llegara un taxi para trasladarme a la ciudad y en el retorno al día siguiente no había sala VIP. Pero me gusta más la ciudad andaluza que Bruselas. Volviendo a Madrid desde Tenerife-Norte, no fui consciente que Groundforce, la filial de “handling” de Globalia, la todavía propietaria de Air Europa, había perdido el concurso en ese aeropuerto y la compañía aérea decidió contratar esos trabajos a la división de prestación de servicios en tierra de su todavía competidora, Iberia. Me chocó, pero la verdad es que los agentes lo hicieron muy bien y son dignos de felicitación.

Fui una vez más a Santiago de Chile en vuelo diurno, que no es el habitual. La verdad es que las preferencias de la gente sobre los diurnos o nocturnos intercontinentales siempre me fueron absolutamente hidráulicas, pero tengo que reconocer que en esta ocasión sí que me resultó menos práctico. Si despega a última hora de la noche, aterriza, con el cambio de uso horario a hora temprana de la mañana, permitiendo aprovechar la jornada laboral entera en los dos sititos y descansar en el avión. El diurno hace perder la jornada completa y se llega a ultimísima hora de la tarde, sin que se facilite los tiempos usuales de sueño y, entre inmigración y aduana, tampoco es aprovechable la cena para algo. Por primera vez fui consciente de que es más práctico el “vol de nuit”.


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