Con más de 34 años de servicio en el Ejército del Aire y del Espacio, Vayá acumula experiencia en plataformas como el F-5, el Phantom F-4C y el EF-18 Hornet, además de programas como Eurofighter y A-400, lo que le otorga una visión integral del mantenimiento en unidades de combate.
La confianza en el mecánico de línea
Para el coronel, en un avión de combate la relación con el mecánico de línea se basa en una confianza técnica y personal total: si éste certifica que una fuga de hidráulica o de combustible está dentro de límites, el piloto acepta el criterio y continúa la revisión exterior previa al vuelo.
Guillermo Vayá, exjefe del Ala 23 en la Base Aérea de Talavera la Real a los mandos de un avión. Foto: Guillermo Vayá
Vayá recuerda que el piloto militar lleva el avión a sus límites de velocidad, aceleración y maniobra, con cambios bruscos en las palancas de gases hasta máximo postquemador, por lo que la aeronave debe estar en perfecto estado antes de cada misión.
Entre las averías más habituales en cazas de combate cita pérdidas de combustible o hidráulica y determinados fallos de motor, además de problemas en radios o arranques con humo blanco, todo ello bajo la vigilancia constante del personal de mantenimiento.
El coronel relata casos en los que, tras el vuelo, el mecánico aeronáutico detecta en los códigos de fallo hasta tres paradas recuperadas del motor en vuelo, incidencias de las que el propio piloto puede no ser plenamente consciente gracias a la redundancia de los sistemas.
Formación y carrera de los técnicos de mantenimiento
Vayá detalla que el mantenimiento, tanto civil como militar, descansa en pilares como la ingeniería con su mantenimiento preventivo y correctivo, el sistema de repuestos, las inspecciones programadas de motores y generadores, y la experiencia del técnico de mantenimiento aeronáutico.
Guillermo Vayá, exjefe del Ala 23 en la Base Aérea de Talavera la Real junto a una aeronave. Foto: Guillermo Vayá
Un mecánico de avión recién egresado llega a la unidad con una base amplia de sistemas, pero requiere cursos específicos del modelo, formación en electrónica, aviónica y motores, además de un periodo de “doble mando” tutelado por personal experto antes de poder despedir en solitario una aeronave de combate.
La relación entre piloto de caza y mecánico de línea se describe como unión y confianza absolutas, hasta el punto de que el militar percibe que su vida y la integridad de la aeronave dependen de la labor diaria de estos especialistas, invisibles para el gran público.
Escuelas especializadas y demanda militar
En su evaluación de la formación, Vayá considera imprescindibles las escuelas de Técnico de Mantenimiento de Aeronaves (TMA) y destaca el papel de Aviation Group y su filial Cithe como empresas especializadas con instalaciones en Fuenlabrada y Madrid, y un nuevo centro de formación aeronáutica previsto en Barajas en septiembre de 2026.
Estas instituciones colaboran de forma continuada con la Guardia Civil, la Policía Nacional, el Ejército de Tierra y el Ejército del Aire y del Espacio, cubriendo una demanda profesional creciente de mecánicos aeronáuticos tanto en el ámbito militar como en el civil.




Deje un comentario