Fue la primera aerolínea de bajos costes de Argentina, pero el día 1 de este mes de junio operó ya con un solo avión (el Boeing 737-800 matriculado como LV-KJD) y canceló 12 vuelos de 13, dejando unos 2.200 pasajeros sin viajar, en el marco de una crisis que se evidenció con su ausencia total en Buenos Aires/Aeroparque “Jorge Newbery”, representando la pérdida de su presencia en el principal nodo aéreo del país. Sus otras 12 permanecían fuera de servicio por impago del “leasing” y deudas con proveedores de mantenimiento.
Entre los casos más delicados figuran dos aeronaves enviadas a México para tareas de mantenimiento mayor que no pudieron regresar al país debido a deudas estimadas en 5,5 millones de dólares. El escenario no responde a un hecho aislado, sino a un proceso sostenido de deterioro que se arrastra desde hace meses y que ya había tenido impactos severos en la temporada alta austral: solo en enero, la empresa canceló 165 vuelos en una semana, con más de 31.000 pasajeros perjudicados.
A nivel de mercado, la caída también se refleja en su participación: en abril de 2026, concentró cerca del 10 por ciento del tráfico doméstico, un retroceso significativo para una compañía que supo posicionarse como una de las principales alternativas en el segmento “low cost”. La crisis operativa estuvo acompañada por una fuerte reestructuración interna.
A fines de mayo, dejó la empresa Mauricio Sana, quien había sido una figura central en el desarrollo de la aerolínea durante siete años y se desempeñó como máximo responsable ejecutivo desde 2020, marcando la salida de uno de los principales referentes históricos. A esa salida se sumaron las de Lucía Ginzo, responsable del área de comunicación y asuntos públicos, y Federico Pastore, quien se ocupaba del área Comercial, lo que configuró una salida simultánea de parte del núcleo directivo que había acompañado el crecimiento inicial de la compañía.
En los planos judicial y financiero, la empresa enfrenta además medidas cautelares, con embargos sobre sus cuentas en el marco de reclamaciones laborales por despidos y acuerdos incumplidos, lo que añade presión sobre su ya comprometida situación económica. La crisis también impactó en su red de rutas.
El control de la firma está en manos del fondo COC Global Enterprise, vinculado al empresario Leonardo Scatturice, quien tomó un rol central en la dirección del grupo en 2025, en un proceso que incluyó también cambios en otras empresas vinculadas, como OCA. La crisis coincide con el cambio de control accionarial, pese a anunciar un ambicioso plan para incorporar hasta 35 aeronaves.
Los indicadores reflejan la magnitud del problema: durante mayo registró una puntualidad de apenas 26,64 %, mientras que casi el 47 % de los vuelos programados fueron cancelados. La empresa necesitaría al menos 25 millones de dólares para recomponer parcialmente su operación, pero no han aparecido inversores dispuestos a asumir ese riesgo. La ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil) levantó actas de infracción por cancelaciones y reprogramaciones sin previo aviso.

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