El nuevo radar de Begas entra en operación este 7 de julio de 2026, reemplazando al anterior sensor primario y manteniendo la cobertura de vigilancia sobre el espacio aéreo del noreste de la Península Ibérica.
La instalación se enmarca en la inversión que Enaire ejecuta con fondos europeos del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), con impacto directo en la modernización de las infraestructuras de navegación aérea en España.
Tecnología 3D y nuevo radomo
La renovación ha supuesto el reemplazo de la gran estructura esférica que protege las antenas, el radomo, y la incorporación de tecnología 3D, que incrementa la capacidad de detección del radar primario y mejora la calidad de la vigilancia.
Los radares de Enaire son críticos para la seguridad de los vuelos, al permitir que los controladores aéreos supervisen en todo momento la posición de cada aeronave dentro de las áreas de responsabilidad asignadas.
En el caso del radar de Begas, el sensor resulta imprescindible para asegurar la cobertura de vigilancia del tráfico aéreo en el noreste de la Península, incluyendo los flujos hacia y desde los aeropuertos gestionados por Aena en la región.
Un proyecto ejecutado en seis meses
Las tareas de sustitución del radar de Begas comenzaron a principios de este año, con la retirada de las antiguas antenas y el posterior izado de las nuevas, operación condicionada por las ventanas de meteorología favorable.
La instalación del nuevo radomo requirió un día completo de trabajo y una planificación precisa, al tratarse de una estructura volumétrica clave para la protección de los equipos de vigilancia frente a las inclemencias del tiempo.
En total, los trabajos de instalación, adaptación y configuración del nuevo radar se han prolongado durante unos seis meses, incluyendo fases de pruebas y verificación de la integración en los sistemas de control de tráfico aéreo.
Radar provisional y continuidad del servicio
Para evitar interrupciones en la vigilancia, Enaire desplegó previamente un radar de carácter provisional, sin radomo por su naturaleza temporal, que asumió la cobertura durante la sustitución del sistema principal.
Los datos de vigilancia del radar provisional se integraron en el Sistema Automatizado de Control de Tráfico Aéreo (SACTA), la plataforma que utilizan los controladores de Enaire para gestionar el tráfico en ruta y aproximación.
De este modo se mantuvieron los máximos estándares de seguridad y calidad en el servicio de control, garantizando que la transición entre el viejo y el nuevo radar de Begas fuera transparente para las operaciones aéreas.

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