El comercio mundial creció un 5,2% interanual, por debajo del ritmo del transporte aéreo, lo que evidencia que la carga aérea está capturando tráficos específicos de mayor valor añadido.
El sector se apoyó en envíos urgentes de productos tecnológicos, especialmente vinculados a semiconductores y aplicaciones de inteligencia artificial, donde la rapidez y fiabilidad justifican el uso de la bodega aérea.
La actividad manufacturera global se mantuvo en expansión, con un PMI de producción en 53,0 puntos, mientras los nuevos pedidos de exportación se situaron en 49,4, encadenando cuatro meses de contracción.
Este desacoplamiento entre manufactura y comercio de bienes explica que el crecimiento de la carga aérea proceda de flujos concretos más que de un aumento generalizado de las exportaciones mundiales.
Los precios del combustible para aviones cayeron en torno a un 20% intermensual en junio, hasta unos 129,5 dólares el barril, unos 118 millones de euros, pero siguen un 45,8% por encima de los niveles del año anterior.
Las tarifas de carga aérea denominadas en dólares registraron su primera caída intermensual tras varios meses de incrementos, pero todavía se sitúan un 34,0% por encima del mismo periodo del año anterior.
Distribución regional del crecimiento
Las aerolíneas de Asia-Pacífico incrementaron su demanda de carga aérea un 7,9% interanual en junio, con una capacidad que creció un 4,3% y un factor de carga que alcanzó el 51,8%.
Las compañías de Norteamérica registraron el mejor resultado mundial, con una subida del 13,1% de la demanda y un aumento del 6,2% de la capacidad, elevando su factor de carga hasta el 40,7%.
En Europa, la demanda de carga aérea aumentó un 6,9% y la capacidad lo hizo en un 3,7%, situando el factor de carga en torno al 50,5%, en un entorno de recuperación gradual de los tráficos de larga distancia.
Las aerolíneas de Oriente Medio registraron un crecimiento del 5,6% en la demanda y del 2,5% en capacidad, después de un 2025 especialmente débil por las interrupciones derivadas del conflicto militar en la región.
Las aerolíneas de América Latina y el Caribe fueron las que peor evolucionaron, con un incremento del 3,5% en la demanda frente a un 9,8% en la capacidad, lo que redujo su factor de carga hasta el 33,9%.
En África, la demanda creció un 4,7% mientras la capacidad se redujo un 7,1%, lo que estrechó la oferta de bodega y elevó el factor de carga hasta el 48,1%.
Rutas comerciales: Asia domina el crecimiento
En las grandes rutas de larga distancia, el corredor Asia–Norteamérica fue el principal motor, con un crecimiento interanual del 14,7% y cinco meses consecutivos de expansión, impulsado por carga de semiconductores y IA.
El tráfico intra-asiático aumentó un 7,2%, encadenando 32 meses en positivo, mientras la ruta Europa–Asia subió un 7,1% y acumula 40 meses de crecimiento continuo en tonelada-kilómetro de carga.
Por el contrario, los corredores vinculados al Golfo siguen afectados por la inestabilidad en Oriente Medio, con la ruta Europa–Oriente Medio desplomándose un 41,1% y la conexión Oriente Medio–Asia aún en terreno negativo.
El eje Europa–Norteamérica se mantuvo plano, con un crecimiento del 0,0%, si bien mejoró respecto a meses anteriores y dejó atrás tres meses de contracción en la demanda de carga aérea.
Capacidad, factores de carga y riesgos
A escala global, la capacidad de carga medida en ACTK creció un 4,4% frente al 8,5% de la demanda, lo que elevó el factor de carga medio 1,8 puntos porcentuales hasta el 46,9%.
Esta evolución indica que el nuevo espacio de bodega se está absorbiendo y que los operadores mantienen una configuración relativamente ajustada, con menos margen para absorber perturbaciones súbitas.
Las aerolíneas de América Latina y el Caribe fueron las únicas en registrar una caída del factor de carga, debido a que la expansión de la capacidad superó ampliamente el crecimiento de la demanda en la región.
En África, la reducción de capacidad amplificó las restricciones de conectividad y dejó a los cargadores con menos opciones para mover mercancía en corredores de nicho, como el enlace África–Asia.
De cara al segundo semestre de 2026, IATA advierte que, pese al contexto favorable para la carga aérea, persisten riesgos como la continuidad de las hostilidades en Oriente Medio y el renovado foco de Estados Unidos en los aranceles.
Estos factores podrían alterar los flujos de comercio internacional y obligar a las aerolíneas de carga a reconfigurar sus redes, especialmente en las rutas que pasan por el Golfo Pérsico.


Deje un comentario