¿Será seguro volar de nuevo en la era post COVID-19?

Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el sector aéreo tardó cerca de una década en recuperarse completamente. El impacto inmediato de la COVID-19 en la industria se perfila peor que las secuelas del 11 de septiembre, con una caída de la demanda de más del 95% frente a alrededor del 30% de la caída sufrida en los meses posteriores a los ataques terroristas, según el análisis de Oliver Wyman, referente global en consultoría estratégica.

Tras las cuatro fases programadas de la desescalada llegará la ‘nueva normalidad’, y con ella la reactivación completa de la economía, vuelos incluidos. La capacidad de dar certidumbre en materia de salud y seguridad será fundamental para la reconstrucción de la confianza de la sociedad, pese a la necesidad de continuar con el distanciamiento social y el uso de equipos de protección. Y en general, para reactivar el sector de la aviación, uno de los grandes damnificados por la pandemia. Según la IATA, las pérdidas de ingresos de la industria aérea mundial a mayo de 2020, es de 314 mil millones de dólares.

La COVID-19 no es el primer brote que restringe los viajes aéreos – el SARS en 2003, el H1N1 en 2009 y el Ébola en 2014, fueron sus predecesores. Tampoco será el último. La interconexión a nivel global causará la rápida propagación de brotes como la COVID-19 a escala mundial.

 Sistema de evaluación de la amenaza

 Para reestablecer la confianza, a corto y largo plazo, es necesario disponer de un protocolo de evaluación de amenazas establecido, basado en datos científicos, que explique a los pasajeros la gravedad de la situación y qué están haciendo las aerolíneas para mitigarla. Después del 11 de septiembre, el símbolo de la coordinación y vigilancia fue la creación de un sistema de evaluación del nivel de amenaza, codificada por colores, que informaba a los viajeros sobre el grado de riesgo existente.

En este sentido, el análisis de Oliver Wyman propone la cooperación entre el Gobierno y la industria del transporte aéreo en la creación de un sistema similar para controlar los brotes de enfermedades infecciosas como la COVID-19. A diferencia de las alertas de terrorismo, el sistema necesitaría ser mucho más transparente sobre los datos que determinan el riesgo y mucho más específico sobre los procedimientos de seguridad que acompañarían a cada nivel.

El sistema evaluaría la amenaza de enfermedades infecciosas en cinco niveles, codificada por colores, que detallaría las condiciones de correlación entre cada color y los procedimientos seguidos por todas las aerolíneas y aeropuertos. Por ejemplo, la COVID-19 entraría actualmente en la categoría de evaluación grave, basada en condiciones tales como la declaración de un estado de emergencia nacional, órdenes de confinamiento y una propagación incontrolada de la enfermedad. En este nivel, los viajeros podrían esperar que las aerolíneas proporcionen equipo de protección personal para todos los pasajeros y empleados, la obligatoriedad del lavado recurrente de manos y la desinfección de las superficies durante los vuelos y la ausencia de servicio a bordo, entre otras cosas.

Singapur ha creado un sistema similar, denominado Condición del Sistema de Respuesta a Brotes de Enfermedades o DORSCON, que cuenta con cuatro categorías codificadas por color. Se utilizó durante la epidemia de SARS de 2003 y la pandemia de H1N1 de 2009, así como en la actual batalla contra el coronavirus.

Educar a los pasajeros

Una evaluación de la amenaza de enfermedades infecciosas ayudaría a educar a los pasajeros sobre cómo volar bajo ciertas condiciones y qué esperar al llegar a los aeropuertos o al subir a los aviones. Tras el 11S se establecieron las restricciones a la hora de portar líquidos, en envases individuales de no más de 100 ml y la obligación de descalzarse en los controles de los aeropuertos.

Con la evaluación de la amenaza de enfermedades infecciosas, los pasajeros serían conscientes de que, con fiebre o tos fuerte, probablemente, no podrán acceder al avión cuando el nivel sea naranja o superior y que los pasajeros a bordo podrían ser obligados a usar mascarilla. Tomar la temperatura de los pasajeros antes de los vuelos o presentar los resultados de las pruebas de anticuerpos virales también puede ser necesario eventualmente.

Al final, la elaboración de un conjunto de normas acordadas por todas las aerolíneas facilitará el cumplimiento y ayudará a los pasajeros a sentirse cómodos. Estas normas comunes también podrían facilitar los viajes internacionales al proporcionar a los gobiernos un conjunto de medidas de control común. El análisis completo en: How To Know When It Will Be Safe To Fly Again In COVID-19 Era

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