Por primera vez en mi vida dejé una maleta en consigna

Por primera vez en mi vida dejé una maleta en consigna, en concreto en el aeropuerto de Lima, ya que iba un día y medio a Bolivia y regresaba por allí en tránsito a Santiago de Chile. Fue una comodidad, en lugar de ir cargado y sin necesidad de facturarla tres veces, pero me quedé sorprendido de lo caro que es, especialmente porque para depositarla tuve que despertar al celador y único empleado, que no parecía que se hubiera dormido en los laureles. En Chile, tres de cuatro veces he llegado al espigón más alejado de los dos ya habilitados de la nueva terminal, que, mientras no se finalice esa infraestructura, obliga a una gran caminata hasta el viejo edificio.

Aerolíneas Argentinas se caracteriza porque no es, ni mucho menos, una maravilla, pero en los vuelos de corto y medio radio su clase “Premium Economy” en el aspecto de asiento es una auténtica “Business” a la antigua usanza, con butacón, incluso en los pequeños Embraer E190 de su hermana Austral, con tres cómodas plazas por fila. Iba a Montevideo, con escala para almorzar en Buenos Aires, llegando a Ezeiza y saliendo del metropolitano Aeroparque “Jorge Newbery”. Como inicialmente mi comida era en un restaurante cercano a este, mi plan era ir en el autobús gratuito de conexión, hasta que me enteré que primero iba al centro de la ciudad, con lo cual en total tardaba una hora y media. Pagué un vehículo con conductor.

Embarcado a la capital uruguaya fuimos varios los que protestamos de que una hortera señora no joven, presumiendo histriónicamente de abalorios, hablara con el altavoz de su teléfono con algún sufrido allegado. La educación cada vez está más alejada de los ánimos y las mentes. El retorno lo hice en tránsito en Ezeiza, en donde sigo sin entender que haya control de pasaportes para los pasajeros en conexión y utilicé las salas VIP de Aerolíneas Argentinas y de American Express, ambas muy aceptables, especialmente la segunda.

Como me suele ocurrir casi siempre, la puerta de embarque era una de las más lejanas, que daba acceso a un autobús para acercarnos al avión. Siempre cuestiono por qué no se asigna para esto una posición más cercana. En España sucede con cierta frecuencia. La sala VIP de Latam en el aeropuerto de Santiago de Chile se va deteriorando en cuanto a servicio, con una oferta de alimentos que es mucho peor que la que la caracterizó antes como muy buena, pero es confortable.

Me desplacé a Asunción, también por primera vez desde hacía tiempo, en el vuelo más movido de turbulencias que recuerdo, con una sensación que nunca había sentido, similar durante un tiempo considerable como si un Seat o Fiat 600 se metiera a 100 km/h. por un camino de tierra con baches continuos de 50 cm. de profundidad. Parecía que el A320 se iba a desarmar en vuelo. De madrugada hubo lluvias torrenciales, hasta el punto que la calle donde estaba mi hotel parecía un río con rápidos intensos, que era lo que me esperaba para regresar al aeropuerto, pese a lo cual lo hice sin demasiados problemas.  De lo poco que cambió en esa terminal es que en lugar de la única sala VIP que recuerdo, ahora había tres o cuatro pequeñas, demasiadas para una instalación con tan poco tráfico. La que me aceptaba, al principio estaba llena, por lo que esperé un ratito fuera a que se vaciara con el embarque de otro vuelo. No era ninguna maravilla, pero cumplía con su papel.

Si quiere ir a una ciudad con una gastronomía autóctona apetecible y una calidad de los servicios notables, su destino no es Zagreb, aunque es bastante bonita y desapacible por un viento gélido en invierno que congela hasta el tuétano, pero me permitió conocer un nuevo aeropuerto y una compañía más, Croatia Airlines. Esta, sin que tenga nada destacable, es decente, cuando menos en “Business”. Me cabe la duda si sólo tienen una tripulación, ya que me llevó y me devolvió a París/“Charles de Gaulle” la misma, dos días más tarde.

El aeropuerto es modernísimo y su personal tan malo que parece más propio de empleados de la Unión Soviética, excepto el que estaba en la recepción de la moderna y bien habilitada sala VIP, que es al único al que le doy un sobresaliente. Incluso los dos policías que había en mostradores de inmigración llevaban uniformes de distinto color. A la ida fui con Air Europa a París/Orly con código de Air France, afortunadamente en un confortable A330-200 en clase ejecutiva.

Estrené la zona de control de pasaportes de entrada que han habilitado en una planta superior a la de embarque y que, aunque no es confortable de acceso, es lo que mejor podían hacer con el espacio que hay. Lo que sigo sin entender es que llegando de España sigan sometiéndonos a control de documentación, algo que aterrizando en nuestro país desde Francia no ocurre. De ahí tenía el autobús para ir al otro aeropuerto gratuito, que me dejó en la terminal 2C y crucé por un incómodo pasadizo en obras al aire libre a la 2D, pequeña, saturada, anticuada e incómoda, sin una sala VIP en la zona de embarque.

Javier TAIBO

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