Llegando al control de pasaportes de Montevideo/Carrasco…

Llegando al control de pasaportes de Montevideo/Carrasco, que no me cansaré de repetir que es una de las terminales más bonitas y amigables del mundo, una señorita, ante mi contrariedad, me dirigió hacia el puesto de control automatizado biométrico. Es la primera vez que en un aeropuerto que no es de mi nación o de la Unión Europea admite la lectura electrónica del documento, un auténtico canto al futuro, aunque curiosamente a la salida no se puede. En el tránsito en Buenos Aires/Ezeiza de retorno a Santiago disfruté de una decente sala VIP de Aerolíneas Argentinas enclavada en la última parte terminada de la nueva terminal. Lo que no entiendo es que haya que pasar control de pasaportes en el mismo edificio para hacer tránsito internacional.

La sala VIP de Latam Airlines en Santiago, como todas las suyas, es muy buena, pero, a diferencia de la de São Paulo, ahora ha pasado a estar muy mal dotada de “catering”, lo contrario de lo que ocurría hasta hace medio año. También tránsité por el aeropuerto de Quito, que hacía bastante tiempo que no visitaba. Por la anacrónica razón que tenía un billete diferente desde Lima con Latam y continuaba con Iberia a Madrid, el personal incompetente (no sólo por eso, sino por la incomodidad de su zona exclusiva de facturación para los pasajeros ‘premium’ en el aeropuerto de Lima) no quiso facilitar manualmente que conectara mi equipaje, con lo que pasé control de pasaportes de entrada y de salida en Ecuador, sólo para recoger y facturar mi equipaje.

El personal de inmigración y de aduanas es extremadamente atento, digno de imitar, y la sala VIP, que la recordaba como mona, pero pequeña, ha crecido considerablemente, con ambientes diferentes, preparada para todo y con un “catering” muy amplio, variado y apetecible, desde “sushi” a un puesto en el cual hacen emparedados al gusto del consumidor. Me causó una impresión magnífica. También es sensacional la ampliada de Barcelona/El Prat, sin lugar a dudas, y con mucha diferencia, la mejor de España de las que es titular AENA, gestionada en régimen de concesión. No se me ocurre ninguna queja, sino todo lo contrario.

Vuelo demasiado. Tengo la costumbre de contestar caldo gallego cuando a bordo me preguntan qué deseo tomar. Esto curiosamente me ha permitido que algunos tripulantes de cabina de pasajeros denoten que ya me han llevado alguna vez, diciéndome, por ejemplo, que en ese vuelo tampoco les han subido ese plato de cuchara. Y en un caso en Air Europa, en el que en la clase ejecutiva del 737 íbamos sólo el presidente de ENDESA y yo, la sobrecargo se puso a hablar conmigo un buen rato. El alto ejecutivo de la gran empresa le preguntó después discretamente quién era yo.

Hacía bastante tiempo que no utilizaba KLM y hay que reconocer que sigue siendo muy buena, a diferencia de su hermana Air France, cuya calidad y aprecio caen en picado. Sus diferencias se muestran incluso a nivel de accionariado. Volé con ella porque necesitaba acumular XL del programa de viajeros frecuentes “Flyingblue”, para que pueda tener ya el nivel “Platinum” para el resto de mi vida, si bien es cierto que poco aporta; y porque su tarifa intercontinental en case ejecutiva era inmejorable, con la nueva cabina que no había probado hasta ahora.

Puntualidad, amabilidad, simpatía, calidad, profesionalidad y buen servicio resumen mi percepción de los dos vuelos intraeuropeos y dos intercontinentales que hice con ellos, pero muy especialmente los dos transoceánicos, lo cual no es óbice para que considere el aeropuerto de Amsterdam/Schipol como incómodo, saturado y anticuado como centro de conexiones. El sistema de entretenimiento es bastante bueno y hay una característica muy apetitosa: se pueden enviar y recibir mensajes de redes sociales gratuitamente.

El “catering” a bordo recibe mis mejores calificativos en cuando a calidad, presentación y abundancia, lo cual es curioso en la aerolínea de un país que tiene una de las dos peores gastronomías autóctonas de Europa. Incluso la merienda servida antes de llegar al destino tenía como opción una hamburguesa empaquetada muy divertida y buena, que la sobrecargo se encargó de arrebatármela para servirme una que había preparado especialmente para mí, sin que quisiera que se enterara la tripulante de cabina de pasajeros que servía en mi zona. El personal de a bordo de KLM rezuma calidez y simpatía.

Entré en su nueva sala VIP de KLM de vuelos a países no firmantes del Tratado de Schengen y me quedé impresionado: dos pisos con múltiples ambientes, varios bares, un restaurante (eso sí, de pago), zonas de descanso escalonadas, áreas para trabajar, tienda de productos del 100º aniversario de la aerolínea, zonas de mesas y sillas y de sofás en un espacio inmenso, “catering” muy variado y abundante, etc. Días después informó de su inauguración, con lo que presumo que casi estuve en su estreno.

Javier TAIBO

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