Thomas Cook necesita vender sus compañías aéreas para salvar una situación de quiebra

El grupo turístico de matriz británica Thomas Cook necesita vender su negocio de aerolíneas, que ciertos analistas valoran en del orden de 1.000 millones de euros y dispone de 103 aviones de Airbus y transporta 20 millones de clientes al año entre 120 aeropuertos, sobre todo en Europa, pero también con operaciones transatlánticas, con el objetivo de reducir su deuda de más de 1.800 millones de euros y centrar los esfuerzos en los campos de “tour operador” y hotelero. La venta en conjunto de Thomas Cook Airlines es poco factible por su diversidad, pues opera desde varios países con su propio nombre (Escandinavia, Benelux, Gran Bretaña y Mallorca, donde estableció una filial el año pasado, junto a un centro operativo y de gestión interna del grupo) y como Condor en Alemania. Esta división registró el año pasado unos ingresos de casi 4.000 millones de euros y unos beneficios antes de impuestos y gastos financieros (EBIT) de 147,64 millones.

La irlandesa Ryanair se ha manifestado dispuesta a comprar a la baja algunas partes de esas aerolíneas, aclarando que no tiene interés en la totalidad de su negocio de transporte aéreo, especialmente por las franjas horarias de operación (slots) que posee en ciertos aeropuertos europeos. Ya cuando quebró hace un par de años Monarch, con base en Londres/Luton, pero que operaba sobre todo desde Gatwick, sus “slots” fueron el activo más valorado y fueron adquiridos en buena parte por British Airways para la expansión de su flota de mediano alcance. También IAG (International Airlines Group) -propietario de British, Iberia, Vueling y la irlandesa Aer Lingus-, Lufthansa (por el negocio de larga distancia de Condor, que en el pasado fue filial suya, en Frankfurt) e EasyJet podrían estar interesados en la operación, ésta última por los “slots” en Reino Unido y Alemania, así como por su flota.

En el primer trimestre de su año fiscal, de octubre a diciembre, las pérdidas del grupo se incrementaron de 16 a 68,5 millones de euros, atribuidas a unas condiciones de mercado altamente competitivas en el Reino Unido al final de la temporada de verano y la menor demanda de vacaciones de invierno en el Norte. El único respiro es que consiguió que 17 bancos le dieran un margen de confianza para seguir operando con su respaldo, después que el año pasado perdiera 183 millones de euros -frente a 10 millones de beneficios del ejercicio anterior y otros dos de resultados también positivos-, provocando un aumento de la deuda a 444 millones de euros y una caída drástica de la cotización en la Bolsa de Londres, pero mantiene el apoyo de sus dos principales accionistas, Invesco y Fosun.

Los malos resultados y la puesta en cuestión del modelo de negocio del “tour operador” pusieron dudas sobre su viabilidad. En España el ejercicio pasado cerró con una caída de ingresos del 3 por ciento, por una menor demanda como destino. La situación en España se deriva del retorno de los turistas a destinos competidores, como Turquía, Túnez y Egipto, con un aumento del 44 por ciento de su facturación, hasta 612 millones de euros. También destaca la demanda a Grecia. Los analistas afirman que la debilidad estructural de su modelo de negocio es lo que explica las pérdidas de 2018 y que este año debe lograr más de 110 millones euros para no volver a incurrir en pérdidas.

Mientras, tendrá que seguir enfrentando a una dura competencia por parte de las agencias de viajes “online” y las aerolíneas de bajo coste, que es lo que le está forzando a diversificar su tradicional modelo de negocio. Thomas Cook se ha planteado centrarse en una mejor gestión de su capacidad, buscar el reemplazo de paquetes más dinámicos en el Reino Unido, el mercado de origen peor parado de 2018, impulsar de forma innovadora la venta de servicios auxiliares y mejorar los márgenes de su estrategia de hoteles de marca propia. La inestabilidad derivada del Brexit es tal que es imposible para una compañía turística asegurar cómo será el año. El Brexit deberá tener lugar en marzo de 2019, cuestión que hoy pinta muy mal por las pocas perspectivas que tiene el documento firmado de ser ratificado en Londres

Fotografía: A321 de Thomas Cook (foto Antonio Camarasa).

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