Lo de Air Europa no puedo menos que definirlo…

Lo de Air Europa no puedo menos que definirlo de forma suave como una mafia de caraduras vendedores, y más después de analizar cómo han actuado con los descuentos de residentes. Provocaron un retraso entre Canarias y Madrid del orden de quince horas y reclamé a través del apartado correspondiente de su página “web”. La respuesta, por correo electrónico fue alucinante, después de rechazar que hubiera derecho a alguna indemnización o compensación: «Preocupados por los inconvenientes que le pudiera haber supuesto los hechos, deseamos animarle a viajar de nuevo con nosotros a fin de darnos la oportunidad de cambiar de algún modo la impresión creada y que vuelva a confiar en Air Europa». ¿Pero cómo se puede tener tanta jeta?

Como un regalo excepcional, continúa su respuesta: «Por cortesía de la Compañía, le ofrecemos un bono de 50 euros», para cuya aplicación en un plazo máximo de tres meses había que llamar a un teléfono que indicaba. Resumen: le arruinan a una persona el viaje y su agenda y le dicen que no tiene derecho a nada, menos a un caramelo para que se gaste todavía más dinero comprando otro billete con un descuento despreciable. Pero lo peor no se quedaba ahí. Llamé dentro de esos noventa días para hacer uso del bono, pero, como les conozco, previamente había verificado la tarifa en la “web” de lo que deseaba comprar.

La agente del teléfono en cuestión buscó los vuelos que le solicité y ofreció una tarifa que, con los malditos 50 euros descontados, era más cara –y sensiblemente- que la que me acababa de informar la “web” de Air Europa. Esto no sólo es caradura, sino que es una estafa. Cuánta pobre gente sin el colmillo retorcido mío habrá picado y, o no habrá reclamado sus derechos, o se habrá tragado el que no se merece compensación tras dejarle quince horas tirado, o habrá utilizado el bono pagando más dinero que lo que costaría realmente un nuevo billete. Caraduras y timadores. Es lo mínimo que puedo decir.

Afortunadamente, para desgra­cia de ellos, con la primera contestación sobre que no había derecho a compensación, puse el tema en manos de una firma internacional de abogados especializada. Sin hablar con ellos, a través de su “web” y de correo electrónico, les remití la documentación y me despreocupé del asunto. Cuatro meses después me han pagado lo que han conseguido de Air Europa: 281 euros, tras descontar sus honorarios y sin moverme de la silla. Le hubiera resultado a Air Europa más barato haber llegado a un acuerdo directamente conmigo. Es decir, que en mi caso son caraduras, timadores y estúpidos. Además, les he castigado dos meses y medio sin volar con ellos: son caraduras, timadores, estúpidos e incompetentes.

Más o menos en los mismos días, Air Europa produjo un retraso de unas seis horas entre Barcelona y Madrid y directamente no ofreció siquiera el engañoso bono de 50 euros. Sencillamente agradeció los comentarios, indicando que no tenía derecho a nada. Mismo procedimiento y 175 euros de indemnización, ya descontados los honorarios de los abogados, pagados simultáneamente a los otros: son caraduras, timadores, estúpidos e incompetentes repetitivamente. Su eslogan comercial debería ser “si cuela, cuela”.
Probé el nuevo “catering” de clase ejecutiva de los vuelos europeos de Air Europa, definido como una cena sana. Si bien estéticamente no es desagradable, la bandeja es poco manejable en la mesita de la butaca. Además es demasiado sano. Una ensalada y dos minúsculos recipientes de vegetales me hicieron sentir como un conejo a 35.000 pies y ese atributo se lo dejo para otros humanos a bordo, que lo llevan con más provecho, honor y dignidad.

Sigo sin comprender cuando uno va de Madrid a Toulouse y regresa porqué hay que pasar el control de documentación de la policía francesa, cuando yendo a París no ocurre así. Quizás es una invitación a los presuntos terroristas para que se gasten un poquito de dinero en la capital gala y luego continúen hacia su destino final en un vuelo doméstico. Creía que las descoordinaciones eran más propias de España.

Es digno de felicitar al personal que atiende la sala Vip de Iberia en París/Orly. Es atento y amable y le hace a uno sentirse muy bien y apoyado para resolver cualquier dificultad.

En Lima, el caro servicio de vehículos privados con chofer que suelo utilizar para ir del aeropuerto a la ciudad no disponía de ninguno, con lo que acudí a uno de los nuevos mostradores de otras empresas. Vaya descubrimiento: el coche no era un Mercedes, pero sí suficientemente aceptable dentro de mis elevadas exigencias. Y el precio la cuarta parte. Ya sé qué voy a hacer en mi próximo viaje.

Hacía mucho que casi no perdía un avión. No llegué con demasiada antelación a Barajas, pero tampoco me faltaba tiempo. Hasta ese momento no era consciente que llevaba mucho equipaje para pretender portarlo todo en la cabina de pasajeros, pero así lo necesitaba en mi desplazamiento. El caos se produjo cuando no encontraba las llaves para cerrar mi automóvil en el estacionamiento del aeropuerto y tuve que desarmar casi todo. Ya en la salida de emergencia del Boeing 737 de Air Europa, en la butaca central había un señor de raza negra, caracterizado por dormir, moverse agitadamente y un cuerpo que ocupaba todo el espacio asignado. Inopinada­men­te, el viajero que estaba sentado en la ventanilla recriminó sus vaivenes y le conminó a no molestar. Lo consiguió.

Noviembre 2016
JAVIER TAIBO

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