Hacía como veinte años que no volaba en Aeroméxico…

Hacía como veinte años que no volaba en Aeroméxico y la utilicé para ir a la capital de su país y luego a otra sudamericana. Dos lustros atrás la cabina era destartalada, incómoda y mal mantenida, algo para olvidar. Pues su Boeing 787-9 que llega a Madrid me sorprendió, hasta el punto que no dudo en reconocer que es la mejor butaca de clase ejecutiva que conozco para cruzar el Atlántico, con cuatro asientos convertibles en cama ancha y larga por fila, cómodos edredones y almohadas, amplios receptáculos para depositar objetos, espejo, excelente iluminación buen sistema de entretenimiento con pantalla amplia, “wifi” de pago, conexiones para todo tipo de elementos electrónicos e informáticos y paneles de separación que impiden ver a los otros pasajeros, generando mucha privacidad.
Lo demás fue bastante mediocre: los tripulantes de cabina de pasajeros tenían una actitud al estilo de la antigua Iberia, la cena no era nada del otro jueves, la dotación de productos de higiene personal en el aseo mala, aunque la bolsa de obsequio es decente. Pero lo cierto es que lo que más valoro en un vuelo es la butaca, con lo cual fue un vuelo agradable. No puedo decir lo mismo de su sala VIP en el aeropuerto “Benito Juárez”, mal señalizada, atestada de humanos y más parecida a un bar en un pueblo de Alabama un viernes por la noche, por la clientela y su dotación. Las mesas tenían un cartelito prohibiendo poner los pies encima de ellas, por lo que pienso que debe ser una costumbre local.
Casi me dio gusto el que se acercara la hora de la partida e ir a la zona de embarque. Otra cosa sorprendente es que para conexiones entre vuelos internacionales se tiene que pasar el control de pasaportes y aduana, entrando en el país tras rellenar los impresos correspondientes, y luego el control de seguridad, como si de Ciudad de México se partiera, lo cual lo hace un aeropuerto poco recomendable para estos menesteres, trámites que, si bien yo pasé de manera más o menos fluida, no quiero ni pensar cómo son si hay mucho pasajero y el tiempo de tránsito es escaso. Eso sí, al estilo de Estados Unidos, tampoco hay control de pasaportes de salida.
El otro vuelo fue en 787-8 y en éste cambió totalmente el panorama del asiento, pues la configuración era de seis por fila y, consecuentemente, mucho más estrecho e incómodo, mientras todo el resto seguía criterios similares, pasando a ser del montón, aunque en ambos casos la puntualidad fue exquisita. También utilicé Ryanair, tras muchos años en los que han disfrutado de mi ausencia. Fui entre Palma y Madrid relativamente cómodo en la fila uno, con personal de tierra y de cabina agradable y profesional y, la verdad, no puedo decir nada en contra, especialmente por los veinte minutos de adelanto con los que aterricé en Barajas.
Empleé Ryanair porque tuve que adelantar para una cena la noche anterior mi regreso y el billete de Air Europa no admitía cambios, ni siquiera pagando una penalización. La opción que se presentaba suponía comprar un caro billete de un trayecto sólo de esa aerolínea, Iberia o Norwegian, pero se me ocurrió entrar en la “web” de la irlandesa de bajos costes 24 horas antes y me encontré que el vuelo que me convenía, pagando asiento de la primera fila, costaba 25 euros (es cierto que el avión estaba medio vacío), mucho menos que las penalizaciones que suele exigir Air Europa. No lo dudé. Ganamos Ryanair y yo y perdió ridículamente Air Europa.
En dos enlaces entre Madrid y Palma con plaza en el mismo pasillo de salida de emergencia me encontré en ella cuando embarqué a sendos empleados de la aerolínea mallorquina. La primera vez hubo una situación tensa, pues vinieron tres veces a pedirme la tarjeta de embarque, cuando al empleado al que le habían cambiado de asiento al mío, más cómodo, no le perturbaron para nada. Protesté y me enfadé y el empleado de “handling” de Groundforce encima se puso chulito, diciendo de malos modos que estaba averiguando por qué se habían duplicado los asientos (no estaban duplicados, sino que simplemente le habían dicho a su colega que se sentara allí, poniendo la plaza en la tarjeta de embarque de manera manuscrita).
Este es uno de los problemas de Air Europa, que hacen sentir que sus empleados son más importantes que los clientes y mientras esto no lo cambien de rumbo serán una compañía aérea mediocre. Tengo que reconocer que en esos mismos días un agente de facturación, ante mi reiterada protesta que por sustitución de Boeing 737-800 por Embraer 195 me quitaron la butaca de salida de emergencia, que negoció con sus superiores que me hicieran un “upgrade” a clase ejecutiva, aunque en el avión de fabricación brasileña en la configuración de la empresa española es casi fastidiar, más que mejorar, pero en este caso no fue así, ya que la plaza de al lado estaba libre.
Fui a Tenerife retornando al día siguiente también con Air Europa. Aunque en los dos casos se trataba de vuelos muy tempraneros, no había periódicos en ninguno, pero la sobrecargo, que, sorprendentemente era la misma en los dos casos, se ocupó de recuperar en ambos enlaces uno y llevármelo a mi asiento. Así da gusto. Una de cal y una de arena. Lo sorprendente es que en Air Europa piensan que les tengo manía, sin analizar por qué entonces vuelo tanto con ellos. Si fueran profesionales, se preocuparían de averiguar si tengo razón y de enmendar los fallos. Pero para eso su filosofía de actuación debería estar orientada al cliente.

Febrero 2017
JAVIER TAIBO

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