Marzo 2013

Una nueva gracia de Air Europa: hasta el 31 de diciembre, todos sus vuelos contabilizaban, aunque fuera con pocas millas, en el programa de viajeros frecuentes FlyingBlue y, sin previo aviso y a traición, ahora no, supongo que porque les debe de costar mucho y no valoran los beneficios que les atrae la fidelización de clientes por esa vía. He hecho ocho vuelos que no me sirven para nada para el mantenimiento de mi estatus en ese programa y, si lo llego a saber, hubiera ido con otra más barata, como Ryanair. Es tanto el agravio, que decidí viajar lo menos posible con esos simpáticos, especialmente porque es imposible visualizar en su “web”, que cada vez funciona peor, la clase tarifaria a la que corresponde la compra, hasta después de haberla formalizado.
Yo que FlyingBlue les expulsaría y todos, todos, los titulares de Air France que conozco en España opinan lo mismo, sin exageración. Les voy a dar dos meses para que arreglen esto, y si no, “ciao”. Se lo han ganado a pulso. Hay que ser justo: el nuevo concesionario de los controles de seguridad especiales para clientes destacados de compañías aéreas que los contratan (fast track) cuenta con personal extremadamente profesional, amable, educado y servicial, con detalles encomiables de atención al usuario. Ahora pasar suele ser una delicia, potenciada porque, con la escasez de pasajeros de clases ejecutivas, están cada vez más vacíos. Como siempre, en los vuelos entre Madrid y Palma de Mallorca encuentro a polizones que, con la mala excusa de bautizarles como “extra crew”, les llevan de gorra, defraudando impuestos y generando gasto. Lo curioso es que siguen yendo con la jeta pilotos de Iberia de uniforme con la cinta para portar su identificación de SEPLA (Sociedad Endogámica de Pilotos Liantes y Aprovechados), en lugar de la reglamentaria de su compañía. Pero vamos a ver, ¿señores?: ¿No resulta que tenemos que repudiar, según ustedes, a los británicos colonizadores de British y defender la españolidad de la empresa frente a los feroces devaneaos de reducción de costes para adaptarse a los tiempos actuales? ¿Y no se sienten orgullosos de portar el nombre de esa compañía a la que tanto dicen defender?
Creo que los pasajeros ya están muy hartos de sus tomaduras de pelo indigeribles. Lo que queremos es que nos dejen volar en paz. Como me gusta probar los servicios para opinar, llegué con sobrada anticipación a Mallorca, como cinco horas antes de lo que precisaba, y opté, en lugar de gastar 25 euros por un taxi, utilizar el autobús urbano que va del aeropuerto de Son Sant Joan a la ciudad, que cuesta la décima parte. Tengo que reconocer que quise hacerlo en plena temporada alta, pero la cola de turistas me disuadió. Mi curiosidad no llegaba a tanto. La verdad es que fue razonablemente cómodo y rápido, mientras leía los periódicos del día, y hace un recorrido por Palma más o menos amplio.
Para ir y volver de París a Toulouse, Air France cobraba unos 500 euros en su clase única de vuelos domésticos, que ni tiene embarque preferencial, ni se reclinan los asientos y hay un medio reposabrazos. Compré el billete en Easyjet por menos de un tercio, incluyendo plaza en ventanilla (para estar lejos de los carritos y movimiento de tripulantes) de la primera fila. Los que pagan butaca especial disponen de un control de seguridad rápido (fast track) y embarque preferencial, tienen agua gratuita (a diferencia de Ryanair) y no intentan confianzudamente vender de todo a bordo. En el aeropuerto “Charles de Gaulle” de la capital francesa hay una parte de la terminal atractivamente adaptada a sus gustos. La experiencia no fue desagradable.
Hice un viaje en la Primera de Singapore Airlines, cabina en la que era el único pasajero y sólo puedo decir cosas buenas, pero podrían gastar un poquito de dinero para que algunos de sus clientes pasen un control de seguridad “fast track”. A bordo estrené la utilización de mi teléfono móvil en crucero, recibiendo y haciendo llamadas, correo electrónico y otras aplicaciones con una calidad bastante aceptable y un precio aceptable, fruto de su acuerdo con On Air.
De São Paulo a Montevideo fui en la Business de un A320 de la brasileña TAM, con un moderno y confortable butacón. Eso si es una clase ejecutiva y no las “zarrapastrosidades” que ofrecen en Europa. Con ella hice Santa Cruz (donde no hay sala VIP y un policía que controlaba drogas pidió que le regalara una revista)-Asunción, también yo solo en Business, pero sin aderezo para la ensalada, que solucionaron con limón. La jefe de cabina me acompañó a la llegada a la entrada de la pasarela telescópica.
Entre Lima y La Paz y Santa Cruz de la Sierra empleé un A319 de Lan (fusionada con TAM en Latam) con sólo económica, por lo que opté por un asiento de salida de emergencia. Una tripulante pretendió obligarme a que leyera las instrucciones de seguridad. Le dije que sabía abrir la ventana de evacuación con los ojos cerrados y le pregunté si quería que se lo demostrara. No insistió. A bordo, un refresco y una magdalena en tres horas y media, incluyendo la escala en la capital boliviana, a lo que se añadió un retraso de 60 minutos. Lan quiere emular a las europeas.

JAVIER TAIBO


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