A golpe de crisis

La denuncia formulada por una compañía aérea ante el Ministerio de Fomento sobre un presunto fraude grave en el cobro de las subvenciones a residentes por parte de Islas Airways en Canarias ha abierto la caja de pandora, en la que una de las compañías de ámbito nacional con sede en Baleares podría estar beneficiándose de la misma práctica, alcanzando una cifra de unos 50 millones de euros. El fraude en cuestión consistiría en declarar el importe de los billetes a plena tarifa, fuera cual fuera la aplicada; hacer lo propio con los desplazamientos gratuitos de los empleados; e incluso incluir el coste de diversos servicios turísticos como si se tratara de desplazamientos en avión, cuando categóricamente no corresponde.
De ser así, y todo parece indicar que deplorablemente lo es, las autoridades deben llegar hasta las últimas consecuencias, como exige la Federación Española de Agencias de Viajes y otras aerolíneas que, como es lógico, no han realizado esas deleznables prácticas, en un momento en que la crisis en el país destapa todo, cual embalse con poco agua, y obliga a una austeridad sin precedentes. En Canarias existe, además, el temor de que ese presunto “choriceo” lleve a la supresión de los descuentos a los residentes, por los que tanto han luchado, como manera de cortar de cuajo el fraude.
Sin duda hay que hablar, por ser suaves, de una dejadez de las autoridades correspondientes en controlar algo que es sencillo de controlar. El pastel se ha destapado por el hecho que, según se ha denunciado, la aerolínea en cuestión habría elevado considerablemente su facturación de subvenciones, pese a una caída de las tarifas y sin un aumento correlativo en el número de pasajeros. Si esto ha sido así, hay que ser implacable. Si no, la lección que se derivará es que todas pueden hacer lo mismo, porque no pasa nada por estafar y el perjudicado será, como siempre, el sufrido y amordazado contribuyente.
Mientras tanto, surge de nuevo la eventualidad de que Iberia cree una nueva marca de bajos costes hacia la que derivar muchas de sus rutas de corto y medio alcance que no son rentables, ante la negativa del irracional SEPLA (Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas) a que Vueling crezca en Madrid. Una potencial perjudicada de la llamada Iberia Express sería Air Nostrum, que, en un momento difícil, podría verse retirada de muchas de sus actuales rutas.
Otro punto de conflicto es la huelga de SEPLA en Air Europa para evitar que parte de la producción la cubran otras empresas, como Orbest, con menores costes. Los servicios mínimos parece que se han hecho a la medida de su propietario, Globalia, y permiten que afecte poco, aunque los pasajeros en muchos casos rehúyan volar en Air Europa los lunes y los jueves, que es cuando ese colectivo ha convocado indefinidamente su absentismo por motivos laborales.

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