La región alberga algunos de los “hubs” más importantes y esto daña gravemente, como durante a pandemia a aerolíneas como Emirates, Qatar Airways y Etihad Airways, cuyos modelos de negocio se basan en conectar Oriente y Occidente. Cuando ese espacio aéreo se cierra, las consecuencias son inmediatas y globales.
Los vuelos deben desviarse, lo que a menudo implica tiempo adicional, billetes más caros, mayor consumo de combustible y complicaciones derivadas para las programaciones de tripulaciones y aeronaves y el mantenimiento de éstas, además de mayores costos en otros ámbitos. A medida que aumenta la incertidumbre, hay implicaciones para los seguros y la sostenibilidad operativa.
El tráfico tiende a canalizarse hacia el Norte o el Sur de esa peligrosa región, generando mayores retrasos, perturbaciones e incertidumbre, además de una cascada de permisos adicionales.
Las aerolíneas españolas son menos sensibles que las de otros países, pues sus vuelos a Lejano y Medio Oriente son escasos, aunque tienen la amenaza de la subida del precio del combustible. Y cuanto más dure la interrupción, más largos serán los tiempos de recuperación. Es realmente imposible predecir cuánto tiempo tomará volver a la normalidad.
Mientras, la European Aviation Safety Agency (AESA) ha recomendado a las aerolíneas del Viejo Continente evitar el espacio aéreo iraní y extremar la cautela sobre los países vecinos. Y cientos de miles de pasajeros han sufrido las consecuencias del cierre de espacios aéreos, con un coste total muy elevado.
La guerra acumulaba casi 13.000 vuelos cancelados -de los cuales sólo 160 en España- en cinco días, mientras los ataques sobre Arabia Saudí eliminaban el último corredor aéreo alternativo aceptable y el impacto bursátil se profundiza. Las acciones de aerolíneas caían en todo el mundo: Korean Air perdió un 10,3 por ciento, su mayor bajada desde marzo de 2020, y Japan Air Lines un 6.
Los analistas advierten que cada aumento de 5 dólares por barril de Brent podría reducir los beneficios por acción de aerolíneas hasta un 13 por ciento. Mientras tanto, la IATA (International Air Transport Association) instó a los Estados a respetar la seguridad de la aviación civil. En tanto, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró que la operación militar podría durar entre cuatro y cinco semanas, aunque podría prolongarse más. La evolución de la crisis y las decisiones de los reguladores marcarán el ritmo de la recuperación.
En conflictos anteriores, la industria aérea ha optado por prolongar las restricciones incluso después de reabrirse formalmente los espacios aéreos, hasta contar con garantías plenas de seguridad. Por ahora, el sector asume que la normalización dependerá menos de la demanda que de la estabilidad geopolítica y de las recomendaciones de los organismos europeos.


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