He estado yendo bastante a los Estados Unidos, incluyendo a Orlando, a donde ha comenzado a volar Iberia…

Ilustración generada por IA.
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Últimamente, he estado yendo bastante a los Estados Unidos, incluyendo a Orlando, a donde ha comenzado a volar Iberia y es la primera aerolínea regular que enlaza España con esa ciudad norteamericana, francamente recomendable. A estas horas del partido debería plantearme la vida de una forma más tranquila. Al día y medio de regresar de Florida fui a desayunar al aeropuerto Montevideo y luego seguí a Santiago de Chile, donde estuve una jornada y media, y continué a Lima. En otro viaje poco después me desplacé ida y vuelta en la misma jornada desde Buenos Aires a Salta en Aerolíneas Argentinas.

En ambos casos recibí un correo electrónico de ese transportista comunicándome un retraso de una hora en cada uno de los segmentos. No me vino mal, aunque podía haber salido del hotel sesenta minutos más tarde. La parte de vuelos nacionales del Aeroparque “Jorge Newbery” del centro de Buenos Aires sí tiene una agradable sala VIP, a diferencia de la zona internacional. El vuelo de ida fue en un Boeing 737-8 estrenado un par días antes, con una clase ejecutiva (Premium Economy) con nuevas butacas de alta densidad, pero sólo cuatro por cada una de las tres filas.

No me entusiasmó, pero desde luego era mucho mejor que las que están generalizadas en Europa, que son las mismas de turista, pero con el asiento central libre. A la vuelta era un 737-800 con butacones de clase ejecutiva (cuatro por fila). En ambos casos el “catering” consistía el aburrido emparedado de jamón y queso que entregan a todas horas y en todos los vuelos en esa clase. Al día siguiente fui del Aeroparque “Jorge Newbery” metropolitano de Buenos Aires a Montevideo en Embraer E190 de Aerolíneas (tres asientos por fila).

Yo iba en la segunda fila (en realidad la primera, pues delante tiene un armario) en un asiento que está solo y como los dos de la uno estaban libres le dije a la cretina de la sobrecargo que me iba a cambiar y no me lo permitió por un tema de carga y centrado, que ya me lo han vetado alguna vez por el mismo motivo. Si pasar de la fila uno a las dos mis 88 kg. y vestimenta alteran el centro de gravedad de manera importante, ese avión no debería ser aeronavegable: Sin comentarios. Al día siguiente regresé a Madrid desde la capital uruguaya.

En el “fast lane” de Tenerife-Norte, que en realidad lo único que abrevia es el acceso al control de seguridad, porque una vez que termina su filtro se junta con todos los pasajeros -al estilo de como ocurría en Palma de Mallorca y que allí lo resolvieron muy eficazmente de cara a sus usuarios-, o lo remodelan o lo cierran, porque no sirve para nada. De hecho, la última vez estaba incluso cerrado. Eso sí, los agentes de seguridad de otros aeropuertos españoles deberían emular la profesionalidad y simpatía de sus colegas chicharreros, que siempre me producen una sonrisa. 

Las obras en el aeropuerto de Palma de Mallorca me están volviendo loco, aunque me figuro que cuando terminen estará todo maravilloso. De momento hay flujos provisionales que me parece que están mal señalizados y las subidas, bajadas y distancias no hacen que sea muy cómodo. Hay que rezar que no llueva si se pretende ir a la parada de taxi.

Viajé ida y vuelta en el día a Puerto Montt desde Santiago de Chile. En la zona de vuelos domésticos del aeropuerto de la capital Latam no da acceso a la única sala VIP que hay, pero yo entré con mis propios recursos. Al llegar a la localidad sureña quedé sorprendido de lo que había crecido la terminal con respecto a la última vez que estuve. En pleno verano austral, la temperatura en el aterrizaje era de 8 grados centígrados. Eso sí, tienen complejo caribeño, porque, tras una ceremonia casi al aire libre, cuando retorné al aeropuerto me quedé congelado con el aire acondicionado. En la sala VIP busqué un rinconcito en la zona de autoservicio que hacía un poco más de calor. Y era un espectáculo por el nivel de la gente, que parece que eso de comer y beber gratis debe suponer un incentivo. En el embarque me aproximaba a los paneles luminosos de publicidad, que generaban un poco de calor en su cercanía.

Fui a Lima y nos estacionaron en la última pasarela telescópica de la terminal, que no debe distar mucho menos de 1 km. del control de pasaportes, con un largo espigón sin pasillo móvil. Me es igual, pero comprendo que para un pasajero más anciano que yo o con dificultades de movilidad no debe ser simpático. Dentro de la terminal cambié dinero a la divisa peruana, después de un interrogatorio innecesario y gratuito. Cuando la agente me preguntó la profesión, ya harto le contesté que bombero y no rechistó.

Y finalmente regresé desde Santiago de Chile. Cuando estábamos en la aproximación a Barajas una niña muy pequeña felicitó las Navidades a todos los pasajeros en nombre de Iberia. Llegué en un estado de salud muy lamentable, hasta el punto que al día siguiente no estuve motivado para abrir la cartera en la que transporto el ordenador portátil, para comprobar que no estaba. Gracias a la magnífica Iberia pude averiguar que lo tenían en su poder y en el aeropuerto. Casi me pongo a dar besos en los pies a todos los empleados de la compañía.

Javier TAIBO


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