Lucía Cegarra, experta legal de Flightright, subraya que los conflictos políticos, el cierre de espacio aéreo o las emergencias sanitarias no eximen a las aerolíneas de sus obligaciones. Según el Reglamento (CE) 261/2004, los pasajeros tienen derecho al reembolso íntegro del billete, a un transporte alternativo al destino final y a asistencia durante la espera.
Esa asistencia incluye manutención, alojamiento y facilidades de comunicación. “Si la aerolínea no ofrece una conexión alternativa, el pasajero puede organizar su propio traslado en tren, autobús o taxi, y reclamar después los costes”, explica Cegarra. Si el reemplazo se ofrece con retraso excesivo, puede existir derecho a una indemnización de hasta 600 euros, siempre que el reglamento europeo sea aplicable.
Flightright advierte también que las compañías deben reembolsar el importe del billete incluso cuando la cancelación se deriva de causas ajenas a su control. Sin embargo, el proceso no siempre es automático, por lo que el pasajero debe solicitar formalmente la devolución y conservar toda la documentación del vuelo y de las comunicaciones recibidas.
Además, cancelar un vuelo por iniciativa propia puede resultar contraproducente. Si el vuelo sigue activo, el reembolso dependerá de la tarifa contratada, y si posteriormente la aerolínea suspende la operación, el pasajero podría perder el derecho a compensación.
En palabras de Cegarra, estar informado y conocer los propios derechos es clave para evitar pérdidas económicas. Recomienda verificar las advertencias oficiales, el estado actualizado del vuelo y las comunicaciones de la compañía antes de tomar decisiones precipitadas.


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