En 2025, las aerolíneas lograron un beneficio neto estimado en 39.500 millones de dólares, alrededor de 36.200 millones de euros, pero IATA recuerda que esa cifra es comparable a las ganancias anuales de una sola gran petrolera. Para 2026, el margen neto de la industria se situaría en torno al 3,9%, lejos aún del umbral del 5% que el sector nunca ha superado de forma sostenida y muy por debajo de otras actividades económicas.

Riesgos aéreos según la IATA. Foto: IATA
Fragmentación de las políticas públicas
La primera gran amenaza identificada es la fragmentación de las políticas públicas y del sistema multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial. IATA advierte de que proliferan las iniciativas nacionales y regionales que se apartan del marco global de la OACI para la aviación civil, especialmente en materia de regulación de emisiones y fiscalidad, lo que introduce distorsiones competitivas y encarece el transporte aéreo sin lograr reducciones significativas de CO₂.
Disrupciones de la cadena de suministro
El segundo foco de riesgo está en las disrupciones de la cadena de suministro, con una cartera de pedidos de aeronaves en máximos históricos y una capacidad de producción todavía incapaz de acompañar las necesidades de las aerolíneas antes del horizonte 2031-2034. Esta tensión limita el crecimiento de la oferta, mantiene los factores de carga en niveles récord y retrasa la renovación de flotas, frenando las mejoras de eficiencia de combustible y el avance de la descarbonización.
Cambio climático y sus efectos asociados
Un tercer bloque de amenazas procede del cambio climático y sus efectos asociados en forma de fenómenos meteorológicos extremos, volatilidad de precios de materias primas y alteraciones en el comercio global y los flujos de inversión. IATA subraya que el éxito de la transición energética hacia el objetivo de cero emisiones netas en 2050 exige marcos regulatorios estables y financiación fiable, elementos que se ven comprometidos por la pérdida de coordinación internacional.
El informe relaciona además la presión climática con mayores riesgos de inseguridad alimentaria y de agua, y con el aumento de la migración forzada, en un contexto político cada vez menos receptivo hacia los movimientos migratorios. Las decisiones de los gobiernos sobre cómo gestionar esos flujos tendrán un impacto directo en los sistemas fronterizos, los servicios de apoyo y la demanda de transporte aéreo internacional de pasajeros.
Ámbito digital
El cuarto pilar de riesgo se sitúa en el ámbito digital, donde el incremento de las ciberamenazas se combina con el uso extendido de la inteligencia artificial para sofisticar los ataques en un entorno de elevada dependencia tecnológica. La aviación, como red global intensiva en infraestructuras críticas, se perfila como especialmente expuesta a fallos, sabotajes o interrupciones que pueden propagarse rápidamente entre aerolíneas, aeropuertos y proveedores de servicios.
IATA añade que la inteligencia artificial plantea desafíos adicionales en forma de desinformación, pérdida de privacidad y erosión de la confianza, además de potenciales impactos sobre el empleo y la desigualdad. El documento señala que las pruebas de ganancias de productividad y beneficios sustanciales ligados a la IA siguen siendo escasas, por lo que los riesgos tienden hoy a materializarse antes que las recompensas.
Plano macroeconómico
En el plano macroeconómico, el análisis destaca la depreciación tendencial del dólar estadounidense en 2026, en un contexto de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, debilidad relativa de la economía de Estados Unidos y dudas sobre las valoraciones bursátiles. Una divisa estadounidense más débil abarataría en moneda local la deuda y los costes denominados en dólares para los países no dolarizados, un factor relevante para las aerolíneas dado que más de la mitad de su base de costes está facturada en esa moneda.
Transformación estructural del mercado del petróleo
El informe subraya a la vez la transformación estructural del mercado del petróleo, marcado por el avance de la electrificación y el mayor uso de gas natural licuado en el transporte por carretera, lo que presiona a la baja los precios del crudo. Esta tendencia es en principio positiva para el combustible aeronáutico, pero IATA advierte de que los cambios en la inversión pueden provocar, de forma paradójica, episodios de escasez de queroseno de aviación en determinados aeropuertos.
Pese a la acumulación de vulnerabilidades, la asociación considera limitada la probabilidad de una recesión global severa en 2026, aunque apunta que el margen de maniobra para responder a nuevos choques se ha reducido. Un eventual error de política económica o un acontecimiento inesperado podrían amplificar la convergencia de riesgos y comprometer aún más las perspectivas de crecimiento mundial.
En este escenario, IATA defiende que la aviación y la transición energética forman conjuntamente una estrategia de crecimiento capaz de impulsar la agricultura, restaurar hábitats naturales, reforzar la independencia energética y dinamizar las economías locales. El sector aéreo contribuiría así a ampliar la base impositiva, facilitar el comercio internacional, conectar comunidades, estimular la innovación y elevar la productividad más allá de lo que permiten las herramientas clásicas de política económica.
Incluso sin contabilizar todos esos efectos dinámicos, la industria aérea sostiene 87 millones de puestos de trabajo y alrededor del 4% del producto interior bruto mundial, según las estimaciones difundidas por IATA. La asociación insiste en que el transporte aéreo no se limita a trasladar pasajeros o carga, sino que actúa como motor de progreso económico y social en un contexto global cada vez más complejo.



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