Un estudio de Oxford indica que la aviación global podría reducir sus emisiones hasta un 75% mediante mayor eficiencia

Ilustración generada con IA.
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Un estudio codirigido por la Universidad de Oxford concluye que las emisiones globales de la aviación podrían reducirse entre un 50% y un 75% si las aerolíneas aplicaran tres medidas de eficiencia: operar solo con los aviones más eficientes, eliminar las clases premium para aumentar la capacidad y elevar la ocupación media hasta el 95%.

La investigación, publicada el 7 de enero en Nature Communications Earth & Environment, analizó más de 27 millones de vuelos comerciales operados en 2023, conectando 26.000 pares de ciudades y transportando casi 3.500 millones de pasajeros.

El análisis reveló enormes diferencias de eficiencia entre rutas, desde casi 900 gramos de CO₂ por kilómetro y pasajero hasta apenas 30 gramos. En promedio, la aviación mundial emitió 84,4 gramos de CO₂ por kilómetro y pasajero el pasado año.

Según el estudio, solo el cambio de modelo de avión puede suponer una mejora sustancial. Los modelos más eficientes, el Boeing 787-9 para largo radio y el Airbus A321neo para corto y medio radio, podrían reducir el consumo de combustible entre un 25% y un 28%.

Los investigadores precisan que sustituir toda la flota mundial a corto plazo es inviable, pero destacan el potencial de estos aviones frente a otras medidas. Recomiendan políticas que incentiven el uso de aeronaves más eficientes en los procesos de renovación de flota.

El estudio también subraya el impacto de las configuraciones de cabina. Los asientos de clase ejecutiva y primera generan hasta cinco veces más emisiones por pasajero que los de clase económica. Aumentar la capacidad hasta el máximo posible aportaría una reducción de entre el 22% y el 57%.

En 2023, la ocupación media de los vuelos fue del 79%, con extremos del 20% y del 100%. Elevar esa media al 95% reduciría las emisiones mundiales otro 16%, según la investigación.

Los autores estiman que, aplicando de forma conjunta las tres medidas, las aerolíneas podrían reducir sus emisiones entre la mitad y tres cuartas partes. A corto plazo, simplemente mediante una asignación más estratégica de los aviones más eficientes, sería posible un recorte inmediato del 11%.

El estudio propone además incentivar la eficiencia mediante políticas regulatorias, como tarifas aeroportuarias ajustadas al rendimiento ambiental, sistemas de calificación de emisiones o límites de intensidad de carbono, siguiendo modelos ya existentes en sectores industriales y del transporte.

La investigación, basada en datos de Airline Data, la OACI y la IATA, muestra que las regiones con vuelos menos eficientes fueron África, Oceanía, Oriente Medio, Asia Central y Norteamérica, mientras que las más eficientes fueron Brasil, India y el Sudeste Asiático.

El trabajo fue desarrollado en colaboración con investigadores de atmosfair y la Universidad de Ciencias Aplicadas de Múnich, y contó con la participación del profesor Stefan Gössling, de la Universidad de Linneo, y del doctor Milan Klöwer, del Departamento de Física de Oxford.


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