El gobernador del Distrito Federal brasileño, Rogerio Rosso, que ya estuvo en Amsterdam conversando con industriales holandeses; el presidente de la Federación Industrial de Brasilia, Antonio Rocha, así como autoridades del Servicio Nacional de Aprendizaje Industrial (SENAI) aguardan la llegada a la capital política del gran país sudamericano de Jaap Jacobson, máximo responsable ejecutivo de la nueva Next Generation Aircraft, ciudad con cuyas autoridades ya habría firmado un memorando de entendimiento de cara a la producción del birreactor Fokker 100NG.
Brasilia utilizaría fondos propios de inversión, además de los correspondientes a la región Centro Oeste (dificilmente el Gobierno federal apostaría contra Embraer inicialmente), disponiendo de, al menos, 300 hectáreas de terrenos municipales e incentivos fiscales municipales y regionales varios, al tiempo que podría construir un Polo Aeronáutico allí, dentro del cual dispondría de una hoy necesaria terminal carguera también. Next Generation Aircraft, que estudia también otros tres países para su proyecto (Argentina, Sudáfrica y Turquía) daría a conocer cual será su destino elegido el 30 de septiembre. Se evalúan posibles socios locales, que deberán hacerse cargo de un tercio de los costos de desarrollo de la nueva aeronave.
El Gobierno de Brasilia dispone de un fondo periódico de ayuda industrial de 400 millones de euros por parte del nacional, del cual aún no ha invertido 300 y de no hacerlo antes del 30 de septiembre deberá devolverlos a las arcas federales. El valor de todo el programa, duplicaría esa cifra y precisaría establecer la confección de unos 36.000 elementos en más de una docena de fábricas, como mínimo, para construir localmente un 75 por ciento del avión. La aviónica se produciría, junto a buena parte de la cabina, en Holanda prácticamente durante el próximo sexenio, para luego nacionalizarse. De concretarse esta sorprendente iniciativa, se generarían unos 10.000 empleos, la mayoría cualificados.
Se ensamblarían entre 58 y 85 aeronaves anuales, dependiendo de la demanda, que se prevé muy significativa, a un costo, saliendo de la zona euro, que es la intención clara de los holandeses, inferior a 28 millones de dólares y unas prestaciones superiores al de su antecesor, el Fokker 100, basado en nuevos motores (presumiblemente los BR 725), mayor capacidad de combustible y pronunciadas aletas en los extremos de las alas (winglets), además de materiales más livianos en su célula e interiores. Posteriormente se intentaría reflotar al Fokker 70. Hay otros estados brasileños interesados en llevarse esta iniciativa para sus tierras, como el vecino Goiás y Minas Gerais, que ya dispone de un polo aeronáutico, aunque Río Grande do Sul también tiene condiciones objetivas para ello (Javier Bonilla, corresponsal de Grupo Edefa en Montevideo).