Me molesta que Aena no controle la calidad de sus concesionarios

Me molesta que Aena no controle la calidad de sus concesionarios, en contradicción con sus manifestaciones al respecto cuando convoca concursos con rimbombantes palabras al respecto. Como tal lo anunció en las contratas de seguridad, señalando que se iban a orientar hacia el buen trato a los pasajeros, cuando en la práctica en bastantes casos es al contrario y sus agentes se creen investidos como John Wayne. Algo similar se produce en la sala VIP del aeropuerto de Ibiza, en el que rezuman la injusta fama de la isla de que todo vale, hasta convertir a los usuarios en peones de su incompetencia. Hasta el café es malo. Yo les quitaría la concesión

No va a la zaga la VIP de la T2 de Madrid/Barajas, en donde a los titulares de la tarjeta Priority Pass, que permite entrar sin pagar en numerosas salas de todo el mundo, incluyendo las de Aena, nos tratan como de cuarta categoría, pese a que ese sistema lo abona por nosotros. Para ir a Tenerife no la pude utilizar, porque nos admiten sólo a determinados horarios, lo cual es inadmisible y dudo que Priority Pass, e incluso Aena, lo conozca. Si disfrutamos de esa tarjeta (que les genera muchos ingresos) es por algo, pero ellos se empeñan en darnos la categoría de AVIP (Almost VIP). Yo, desde luego, lo denuncio y espero u otros muchos hagan lo mismo.

A bordo, el pasajero de al lado de la clase Business de un 787 de Air Europa veía una película sin emplear auriculares y le llamé la atención, porque me estaba volviendo loco (ya sé que mucha gente piensa que ya lo estaba) con el sonido. Recomiendo que se dé a los pasajeros un curso de comportamiento, ya que parece que la educación que les dieron sus padres, si les conocieron, fue mala o no ha servido para nada. El susodicho tuvo el detalle de descalzarse, otra mala costumbre que me fastidia, dejando ver los rotos e sus calcetines. Le correspondía más ir en Ryanair. En el aeropuerto canario no había ya control sanitario de llegada.

De Tenerife a Palma lamentablemente no operaba ese día Binter, pero si Vueling, otra compañía que me da una pequeña arcada. Compré, por desgracia, asiento de fila 1, pues dejan el aseo delantero para los tripulantes, a diferencia de Iberia y Air Europa; y la mayor parte de las tres horas de vuelo padecí las conversaciones a grito pelado en el “galley” de los TCP sobre temas personales y cómo la sobrecargo se desajustaba asiduamente la mascarilla como si fuera un ‘tic’, mientras conversaba con uno de sus sicarios. Lo aseos traseros son minúsculos para lograr instalar más asientos, que son de una incomodidad latente. Tampoco dieron toallitas. Y como siempre, hay que reclamar los “avios” de Iberia Plus, pues nunca se anotan.

Por razones de horario compré un billete en Ryanair para regresar de Menorca a Ibiza. Les reconozco a esos chicos su puntualidad, pero seguiré evitándoles por todo lo demás. Sus protocolos en relación a la pandemia están mucho más relajados que otras aerolíneas, pero, eso sí, también reserva el aseo delantero para sus tripulantes, quedando para los clientes sólo los traseros, con lo cual yo, yendo en la fila 1, para abordar su 737-800 el último y abandonarla el primero, tengo que recorrer todo el pasillo de la cabina para hacer una micción. Por supuesto, se ahorran, igualmente, la habitual toallita desinfectante que generosa y sanitariamente entregan las compañías buenas.

Además, fue una pequeña odisea la llegada a la T1 de Barajas, pues mi vehículo lo tenía en la T4 y necesitaba emplear el autobús de tránsito. Eso fue poco antes que se permitiera de nuevo a los acompañantes entrar en la terminales de los aeropuertos españoles, con lo cual no encontraba un punto para acceder al exterior en la zona de salidas, que seguro que lo había, pero distante, con lo cual opté por ir caminando por dentro hasta la T2 y ahí esperar el traslado. Lo curioso es que en la T4, también en la zona de salidas, hay que entrar dentro de la terminal para poder llegar el “parking” P4, aunque está n el exterior, sin ser ya pasajero. Moraleja: los que organizan estas cosas deberían practicar lo que han ideado antes de ponerlo en práctica y se darían cuenta de las estupideces que cometen con los que les dan de comer.

Fui a Lima justo antes que suprimieran el requisito de tener un resultado negativo de PCR cuando menos 72 horas antes del viaje, pues ahora ya sólo se necesita el certificado de vacunación. Tengo que reconocer que Iberia ha recuperado hábitos de calidad en el servicio a bordo, aunque no así en una buena parte de los empleados de servicio en tierra. Brilla por su excelencia el personal de su sala VIP, incluyendo el del concesionario del “catering”, así como la calidad de los productos que ofrece. Me alegro, porque hasta hace poco trataban a la gente como si fuera vuelos de repatriación por los cierres de fronteras derivados de la pandemia.

Para retornar, la sala VIP de Lima sigue sometida a exagerada cutreces malpensadas inútilmente para combatir el COVID-19. A bordo todo fue sensacional. Incluso rechacé, como siempre, la habitual botellita de agua para pasar la noche que se reparte, explicando que me gusta muy fría. Pues todas las veces que me desperté tenía un vaso de agua con hielo. Nunca me había pasado. Cuando el A350 estaciona en una posición con escaso tiempo de rodaje desde la pista de aterrizaje, hay que esperar unos cuantos minutos con los motores en marcha para refrigeración de algunos de sus elementos. No es agradable, pero ya me he acostumbrado.

Javier TAIBO

Relacionados