Justo es reconocerlo: Iberia Express se ha puesto las pilas

Justo es reconocerlo: Iberia Express se ha puesto las pilas y ha mejorado radicalmente el trato a los mejores clientes de Iberia, así como a los pasajeros de clase ejecutiva, que ahora cuentan con un “catering” muy decente, por no decir magnífico, para un vuelo de menos de una hora. En el último mes he hecho cuatro idas y otras tantas vueltas con ellos a Baleares y Canarias y en siete de los ocho segmentos la experiencia ha sido entre muy y extremadamente satisfactoria y sólo en un uno ha sido simplemente aceptable, lo que es una muestra suficiente como para cambiar mi opinión y que pase de considera que no me alteraría que la cerraran a ser una buena aerolínea.

Incluso en un vuelo a Palma la sobrecargo, a la que le había pedido un café, que me lo sirvió casi frío, vino a preguntarme cómo estaba su temperatura, reconociendo que tenían un problema con la máquina y ofreciéndome el prepararme un “capuchino” de los que llevaba para ella desde su casa. Aunque lo rechacé, me pareció encantador. En uno de los enlaces incluso la comandante salió a saludar y a despedirse y en el aire dio una voz con información sobre el vuelo y sobre el COVID-19 y de agradecimiento a los pasajeros que es de las más bonitas que he escuchado a bordo.

Una de las idas a Canarias fue en un A320neo de esa filial de Ibeia, que no es que tenga manía a esta versión, si no a la configuración de altísima densidad que muchos de sus operadores se han empeñado en habilitar a bordo. En este caso era un modernísimo ejemplar sin cortina de separación entre las clases turista y ejecutiva, lo cual daba no sólo una mala imagen, sino que, además, no servía de barrera para que los viajeros de atrás circularan por delante, incluso para acceder al aseo que debe estar reservado a la clase “business”, como uno de los privilegios por los que pagan, y no poco dinero. Como compensación, un TCP masculino se molestó, sin que nadie se lo pidiera, en bajar el equipaje de mano de los “racks” (maleteros), algo que agilizó mucho el desembarque por filas por motivos de la pandemia.

El punto inexplicable es que Iberia sigue sin aplicar la prioridad de embarque a los usuarios de las categorías altas de su programa de viajeros frecuentes, que es la única aerolínea que me consta que no lo hace, realizando un abordaje de atrás hacia adelante (excepto para los de clase ejecutiva), con la excusa de minimizar contagios por COVID-19. Lo encuentro absurdo y más todavía cuando al principio del embarque dan esa prioridad a los menores y los mayores que les acompañan, sea cual sea el lugar en el que se sentarán. ¿Suponen estos más o menos riesgos que los clientes preferentes?

La razón por la que ahora vuelo casi siempre en Business en los segmentos de corto y mediano alance es que pretendo llegar cuanto antes a los preceptivos controles sanitarios y evitar perder el tiempo en una cola. Quiero aclarar que a bordo me siento tan seguro frente al COVID-19 como en el centro o en la cola de la aeronave. Y me ha ido muy bien, porque en todos los casos cuando he llegado no había nadie que me precedía y he pasado por ellos rápidamente. Progresivamente han ido desapareciendo los controles de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad propios del estado de alarma para confirmar que el pasajero tenía motivos justificados para viajar en esta situación.

Hacía mucho tiempo que no estaba en el aeropuerto de Mahón y no pude disfrutar hasta ahora de su moderna y funcional terminal, lamentable escasísima de pasajeros, poco después de la Semana Santa y en tiempos de restricciones por el COVID-19. No puedo menos que calificar de entrañable la bienvenida a bordo que me brindó una sobrecargo de Iberia Regional Air Nostrum de un vuelo entre Palma y ese lugar. Antes de que empezáramos a rodar se acercó a mi asiento, situado en una salida de emergencia, con una sincera cara de alegría y expresando que estaba emocionada y feliz de recibirme a bordo.

Mostraba tal entusiasmo, que me llevó a preguntarle porqué, pensando que, desafortunadamente para ella, me conocía. Pues no: aclaró que su ilusión radicaba en que era el primero de la categoría “Infinita Prime” del programa de viajeros frecuentes “Iberia Plus” que llevaba desde hacía un año y que estaba muy contenta de que empezáramos de nuevo a volar. El corto enlace fue sensacional, hasta el punto que cuando me despidió en la puerta, con el mismo nivel de satisfacción, le dije que quería ir siempre con ella. Quiso el destino, o quizás su programación, que al día siguiente ella y la otra tripulante de cabina de pasajeros (también excelente) hicieran mi Ibiza-Palma y me recibió en la puerta recordándome que había pedido siempre volar con ella.

En esos dos saltos, la TCP que iba atrás hizo algo que no he visto nunca en los últimos catorce meses lacrados por la pandemia. Para controlar el desembarque y que no se levanten los clientes hasta que estén circulando por el pasillo los de la fila anterior, se situó en él, retrocediendo a medida que procedía­mos a levantarnos, generando una estupenda percepción de servicio y cuidando la salud de todos. Hasta el supervisor de tierra era excepcional. Estacionamos enfrente de la terminal de vuelos regionales del aeropuerto de Palma y caía una llovizna. Me acompañó hasta el acceso al edificio explicándome que pensó en habilitar una jardinera para que no nos mojáramos, pero la distancia era tan irrelevante y el agua tan agradable que fueron innecesarias sus disculpas, ya que tomó a mejor decisión.

Javier TAIBO

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