Es incomprensible el rescate a Air Europa bajo muchos prismas

Es incomprensible el rescate a Air Europa bajo muchos prismas y se extienden las quejas sobre que no devuelve el dinero de los billetes cancelados por el COVID-19, de lo cual tiene la obligación, pese a haber recibido inexplicablemente 475 millones de euros arbitrariamente del Gobierno de la nación. Como también es indignante su propaganda de flexibilidad de cambios por la pandemia. Yo había comprado dos billetes de ida y vuelta para desplazarme a Mallorca con cierta anticipación, planes que tuve que alterar por el cierre perimetral de esa Comunidad Autónoma, donde se clausuró casi toda la hostelería, así como de la mía.

Cuando llamé para cambiarlos, la respuesta consistió en que no tenía derecho a ello y, haciendo alusión a su mentirosa publicidad, la ridícula contestación es que yo podía viajar, que eso sólo regía si se cancelaba el vuelo. Vaya tremendo engaño y estupidez de respuesta. Como si ellos anularan el vuelo no tuviera derecho al reembolso o cambio, aunque no hubiera pandemia… Perdí el importe de los dos billetes, pero a Air Europa no se lo perdono. Y, de hecho, le ha salido caro el timo, porque he viajado en su competencia no menos de diez segmentos, que, si no fueran así de zarrapastrosos, hubiera hecho Air Europa.

Ida en Boeing 737 de Air Europa a Canarias con una tripulación a la que deberían de quitar la licencia. Empezamos a rodar en Barajas con una veintena de pasajeros de pie en el pasillo, que no tuvieron tiempo de alcanzar su asiento. A la mediocridad del vuelo se añade que en la llegada la inmensa mayoría de los viajeros se levantaron y esperaron de pie en el pasillo sin la más mínima distancia de seguridad y ante la pasividad de la tripulación, algo insólito entre todas las veces que me he desplazado en avión desde que comenzó la pandemia. Cuando estaba a punto de desembarcar recriminé al sobrecargo que permitiera eso. Su espeluznante respuesta es que no podía controlar al pasaje. La mía fue elocuente: «¿En una emergencia tampoco lo sabría controlar?». No sé si era apatía porque se la quede Iberia, descontento por la situación o la más tremenda incompetencia, pero es inaceptable. El retorno fue todo lo contrario.

En la terminal de Tenerife hay una nueva sala VIP, que sustituye a otra nunca saturada y más pequeña, pero que ofrecía unas entretenidas vistas del trasiego de pasajeros en la zona de embarque, la plataforma de estacionamiento de aeronaves, la calle de rodadura de aeronaves y la pista, aunque reconozco que la recién inaugurada es mucho más moderna, amplia y funcional y con una terraza abierta. Allí me dijeron que la antigua se está reformando para oficinas de una aerolínea.

Volé varias veces en Iberia Express y si esta filial la absorbe su matriz y empieza a tratar mejor a los pasajeros, por lo menos a los frecuentes y principales, no la voy a echar de menos. No entiendo que, con la que está cayendo, las aerolíneas no se pongan las pilas, pero algunas no aprenden. Todos los saltos los hice en clase ejecutiva, con un “catering”, ya sea “snack”, desayuno, comida o cena, deplorable. Dan ganas de que se lo ahorren y lo descuenten del precio, mientras que los tripulantes de cabina de pasajeros brillan por su juventud, falta de experiencia y poca formación de cara al cliente, con ciertas excepciones. No hacen maldito caso a los titulares del máximo nivel de “Iberia Plus”, pero si a los numerosos mal llamados “extra crew” que llevan casi siempre de gorra.

Como contraste, da gusto volar en Binter en un avión a rebosar de pasajeros, con puntualidad exquisita y una profesionalidad y orientación hacia una positiva experiencia del cliente que es encomiable, como lo es la distancia que existe entre los asientos. Pocas veces he tenido tantas dudas de llegar a tiempo a un vuelo como en marzo pasado. Estaba 45 minutos antes de la salida del aeropuerto de Los Rodeos en un restaurante en el centro de Tenerife, pero lo conseguí.

No entiendo muy bien lo de Mallorca. Para ir exigen una prueba de PCR que hay que abonar religiosamente y hacerlo con un máximo de 72 horas antes de la salida, pero si no lo llevamos hacen una prueba de antígenos gratuita en el aeropuerto de Palma. En todo caso, por si la cola para esto último era demasiado grande si se acumulaban varios vuelos, preferí pagar la PCR y aprovecharla para  ir a Canarias y a Baleares, ajustando muy bien los tiempos. Llegué el primero al control y fue muy fluido. No así el desembarque, en donde tuvimos que esperar 5 min. en la puerta de acceso a la terminal, hasta que llegó a abrirla una agente de Iberia Handling, que lo excusó porque tienen muy poco personal. Con dos narices…

Y lo que empieza a ser insoportable es el timo del “Fast Track” de seguridad de Madrid/Barajas, a donde derivan cuando están congestionados, y cada vez con más frecuencia, los controles normales, deteriorando brutalmente ese servicio de pago. Haciendo honor a una de las cláusulas de cuando se adjudicó la concesión en relación a la calidad del trato a los pasajeros, al protestar una agente se encaró conmigo espetándome que a ellos les paga Aena y no Iberia.

Javier TAIBO

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