La formación de un tripulante de cabina de pasajeros

La profesión de TCP (Tripulante de Cabina de Pasajeros) ha evolucionado con el paso de los años, de acuerdo a las necesidades de las aerolíneas y el imparable crecimiento del mercado, actualmente profundamente dañado y condicionado por la pandemia ocasionada por el virus Covid-19.

Curiosamente, el origen de la profesión se encuentra en el sector sanitario, ya que en 1930 la enfermera Ellen Church, persiguiendo su sueño de volar, decidió presentarse para trabajar como piloto en Boeing Air Transport (BAT). En aquellos tiempos pintaban bastos para que la mujer accediera a puestos de trabajo tradicionalmente masculinos y la compañía accedió a incorporarla en su plantilla como enfermera. Obstinada en volar a toda costa, Church sugirió prestar sus servicios a bordo, con la función principal de cuidar la salud y seguridad de los pasajeros.

Hay que destacar que en aquella época los vuelos eran, en cierto modo, hostiles para la mayoría de los viajeros y tripulantes. De larga duración, sin presurizar y con numerosas incidencias en vuelo, hacían que ocasionalmente las pocas personas que viajaban tuvieran que ser asistidas. Como prueba de ello, el vuelo inaugural de Church empleó 20 horas y necesitó de 13 escalas para enlazar Oakland y Chicago el 15 de mayo de 1930. Sería insoportable para pasajeros y tripulantes de acuerdo a los estándares actuales.

Junto a Church llegaron a la compañía 7 enfermeras más y pronto fueron bautizadas como las “chicas del cielo” (sky girls). Representaron el pistoletazo de salida a una profesión fundamental en la aviación comercial, desempeñada exclusivamente en los servicios de pasajeros. También en ese momento comenzó su estigmatización, que le ha acompañado hasta prácticamente nuestros días, debido al establecimiento de exigentes requisitos de edad, sexo, raza, presencia, estado civil, estatura y peso, entre otros. Ello hizo que durante gran parte de la historia de la aviación comercial se les denominara como azafata, auxiliar de vuelo o aeromoza.

De hecho, el diccionario académico español de 1956 recogía por primera vez la palabra definida como «camarera distinguida que presta sus servicios a bordo de un avión». Afortunadamente para todo el sector, y especialmente para los profesionales que desempeñan la profesión de TCP, actualmente se han superado las connotaciones pasadas y prácticamente todas las aerolíneas seleccionan y entrenan a los mejores profesionales, independientemente de características subjetivas y del sexo, siendo hoy en día totalmente normal encontrar tripulaciones mixtas a bordo de las aeronaves.

Otro asunto es la función secundaria que cubren en los servicios que se ofrecen a bordo a los pasajeros, básicamente comida, bebida, venta a bordo e incluso sorteos, como es el caso de la estrambótica Ryanair. Pero debe quedar claro que su función principal es garantizar la seguridad de toda la cabina de pasajeros, en tierra y en vuelo, especialmente cuando se den posibles anormalidades y emergencias, siendo la evacuación su actuación más crucial, para cumplir con la regla de los 90 seg. que requieren las regulaciones de certificación de aeronaves comerciales.

Requisitos y regulaciones

Los requisitos mínimos de acceso y mantenimiento de las aptitudes para desempeñar como TCP están regulados a nivel internacional. En Europa, la norma aplicable es la subparte CC (Cabin Crew) del Reglamento europeo 290/2012, que enmienda al 1178/2011, comúnmente conocido como “Air Crew” y aplica a todo el sistema europeo de licencias de piloto y controlador de tránsito aéreo. Hay que destacar que para ejercer como TCP no se expide una licencia, sino un certificado con las habilitaciones correspondientes de las aeronaves en las que se va a trabajar, hasta un máximo de cuatro tipos.

No toda persona puede ser TCP. Para ejercer la profesión se requiere la obtención y mantenimiento de un certificado médico de clase CC  de acuerdo a la subparte MED (Medical) del “Air Crew”, ser mayor de edad, saber nadar y superar un curso de formación inicial en un centro de entrenamiento aprobado o bien en una compañía aérea mediante el correspondiente curso de conversión al operador. Normalmente los pasajeros desconocen y no aprecian la principal misión a bordo, que es su propia seguridad.

Ello queda demostrado cuando no se presta atención a la demostración obligatoria que se realiza antes de la partida de cada vuelo o en algunos ejemplos de evacuaciones de emergencia reales, en los que los pasajeros no siguieron las órdenes de los TCP. Pero un tripulante de cabina de pasajeros siempre debe tener presente los principios básicos de su rol y funciones asignadas a bordo en lo relativo a la seguridad del pasajero, primando siempre la profesionalidad, la atención constante y la capacidad de reacción necesaria ante una anormalidad y/o una emergencia.

Todo ello se trata en los cursos de formación inicial impartidos por las escuelas aprobadas por la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), de acuerdo a lo establecido por el Reglamento 290/2012. Comprenden una fase teórica, de unas 100 horas de duración, donde se imparten asignaturas como conocimiento general de aviación, legislación aeronáutica, factores humanos y gestión de recursos de la tripulación, asistencia a pasajeros y vigilancia de la cabina, medicina aeronáutica y primeros auxilios, mercancías peligrosas, seguridad en aviación y formación en la lucha contra incendios y humo.

Con respecto a la parte práctica, de unas 30 horas de extensión, se realizan ejercicios para adiestrase en la  identificación y uso del material de seguridad y emergencia, acciones en caso con humo, fuego y despresurización de la cabina. Todo ello se hace en una maqueta a escala real de una aeronave con capacidad para al menos 20 pasajeros. En algunos casos esta maqueta es capaz de reproducir movimiento, sonido e incluso humo para simular el mayor realismo posible. Adicionalmente, se deben llevar a cabo prácticas de auxilio médico para entrenar actuaciones en caso de asfixia y reanimación, así como técnicas de supervivencia en el agua, con y sin balsa.

El mercado español de formación

Según los datos oficiales publicados por AESA, en 2018 existían 103 centros de formación inicial aprobados. En el momento de escribir estas líneas la cifra asciende a 140, es decir, se ha registrado un crecimiento superior al 30 por ciento durante ese bienio. Exceptuando La Rioja y Ceuta, todas las comunidades y ciudades autónomas españoles cuentan con centros de formación inicial aprobados por la autoridad aeronáutica, destacando Andalucía, Cataluña, Madrid y la Valenciana, con 24, 20, 19 y 14 instalaciones, respectivamente.

Es interesante analizar que la dispersión geográfica de la oferta formativa no obedece realmente a las necesidades de las líneas aéreas, pues resulta sabido que Madrid, Barcelona y Palma de Mallorca concentran el mayor grueso de la fuerza laboral. Los motivos obedecen más al despliegue de sedes por todo el territorio de los mayores centros de formación, generando sinergias y captando una mayor demanda de alumnos, especialmente en aquellas provincias donde las cifras de desempleo son mayores y las oportunidades laborales escasean. Es importante distinguir tres clases de centros de formación inicial de TCP: Los asociados a un operador aéreo, los vinculados a una ATO (Approved Training Organization) y los centros independientes.

En el primer caso, la única firma existente en España es Globalia Formación, que figura como proveedor de servicios de entrenamiento a terceros, además de a los propios tripulantes que ingresan en sus operadores aéreos Air Europa y Air Europa Express. Adicionalmente, compañías aéreas como Iberia, Air Nostrum, Swiftair o Volotea disponen de aprobación en su certificado de operador aéreo AOC (Air Operator Cetificate) para impartir la formación inicial a sus tripulantes, que normalmente se combina con el curso de conversión del operador en la flota que se vayan a desempeñar.

La principal diferencia de las aerolíneas citadas con Globalia es que las anteriores solo pueden impartir formación para sus propios tripulantes, mientras que la mallorquina instruye a futuros tripulantes particulares, que posteriormente ingresan en otras compañías. En el segundo grupo se encuentran las escuelas que ya están aprobadas como ATO por AESA o por otra autoridad aeronáutica europea en el marco comunitario.

Fundamentalmente están dedicadas al entrenamiento de pilotos comerciales, en su fase inicial o avanzada, a través de la formación en habilitaciones de clase y tipo. Pero también, para aprovechar las economías de escala que supone tener un centro de formación en servicio, han decidido ampliar su oferta a la de inicial de TCP. En este grupo se encuentran firmas como Adventia, Aerodynamics Málaga, Aerofan, Aerolink, Airco-Simcrew, Aviation Vip, Canavia, FTEJerez o Global Training Aviation, todas ellas trabajando con un único centro de formación vinculado a la ATO.

Pero existen otras que han decidido expandirse y abrir filiales fuera de su centro principal. Es el caso de Aviation Group, con sedes en Andalucía, Aragón y Madrid; las madrileñas Cinetic Plus, con centro en Tenerife; y Cabin Crew by Wasim, en Andalucía y Canarias. Adicionalmente, la multinacional canadiense CAE cuenta con centros aprobados, en este caso por la propia EASA (European Aviation Safety Agency), en sus instalaciones de Madrid y Barcelona, que trabajan fundamentalmente con aerolíneas como Wamos Air y Vueling, pero también ofrecen cursos a particulares, destacando un programa intensivo que permite completar todo el entrenamiento en una única semana.

Finalmente, el tercer grupo es el más importante, pues se compone de 58 centros de formación de carácter independiente y de tipología muy diversa, por tanto, no vinculados a un operador aéreo o una ATO. Suelen ser centros de formación multidisciplinar enfocados a azafatas de congresos, eventos, protocolo, idiomas así como personal aeroportuario y turístico.

Es un sector muy atomizado y disperso por toda la geografía española, que normalmente capta alumnos particulares, que posteriormente ingresan en el mercado laboral de una forma independiente, por lo general en el mercado internacional. Hay que destacar sobre todas las demás la fuerte presencia de dos firmas que se han expandido por todo el territorio nacional. Es el caso de CEAE (Centro de Estudios Aeronáuticos), con 36 centros aprobados; y Air Hostess, con 19, que trabaja desde 1995 y se ha expandido básicamente a través de franquiciados.

Por Ignacio Cobo

Fotografías:

1. Instalaciones de CAE en Barcelona para el entrenamiento de pilotos y TCP.

2. Una de las emergencias más graves es la evacuación de la aeronave.

3. Alumnas de CAE.

4. Cada TCP ocupa un puesto en el avión y recibe un entrenamiento específico para poder desarrollar correctamente sus funciones.

5. Maqueta empleada por Cinetic Plus para la fase práctica de sus cursos.

6. El manejo y apertura de las salidas de emergencia ubicadas sobre las alas requieren un entrenamiento especial.

7. El objetivo es garantizar la máxima seguridad en la cabina de pasajeros.

8. Alumnas de CAE.

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