Aunque me quedan algunas anécdotas de los tiempos previos al parón del transporte aéreo por la pandemia

Aunque me quedan algunas anécdotas de los tiempos previos al parón del transporte aéreo por la pandemia, me voy a dedicar ahora a otro aspecto importante de la situación que vivimos, antes que veamos, espero que dentro de muy poco, el reinicio de los vuelos comerciales, en condiciones más benignas que las que expuse en mi página del mes pasado, que tengo que volver a aclarar que eran ciencia ficción y, si me permiten la licencia en este marco tenebroso de cientos de miles de muertos en el mundo, algo cómica. Me consta que hay gente que se asustó con lo que escribí.

Aborté en el último momento un periplo por América, en el que iba a tocar cinco países, con dos ingresos en Chile, cuando tuve noticias que el ministro de Sanidad de aquel país anunció por televisión que iba a imponer al día siguiente una cuarentena de quince días (me pregunto si no se debería de llamar quincena) a los viajeros procedentes de Italia y España. Aunque una de las veces iba a entrar llegando de Argentina y otra de Perú, presumí que mi fecha de aterrizaje en el Continente, si eran rigurosos, me podría generar dificultades. Como Santiago era un punto fundamental de mi viaje, decidí anularlo e Iberia me cambió sin problemas la reserva para una fecha aleatoria de junio, para darme tiempo a planificar.

Fue un acierto, pues la cadena de acontecimientos y cierres de fronteras se produjo en los días siguientes, hasta el punto que es posible que me hubiera tocado buscarme la vida en alguno de los vuelos de repatriación en las semanas posteriores, aunque con lo viajado que estoy creo que hubiera encontrado alguna vía de retorno por cauces regulares. El caso es que ya no hice más vuelos y se quedaron pendientes ocho segmentos domésticos en España, ocho intercontinentales y ocho regionales en Iberoamérica, de los cuales catorce en clases ejecutivas, todos pagados, en cuatro aerolíneas de tres países distintos

Dentro del drama y las complicaciones de confinamiento y de actividades, una de las tareas era encontrar una solución a todos esos billetes, siendo consciente desde el principio que la devolución del dinero, con la patética situación en la que estaban las aerolíneas, era una misión casi imposible. Asumí que no me importaba este marco y que me dieran un bono por el importe pagado para utilizarlo como quisiera, en las rutas que me conviniera y en las tarifas mejores que pudiera encontrar, salvo que alguna quebrara, algo que no parece que vaya a ocurrir.

La mejor y más fácil fue Iberia. De la misma forma que cambiaron sin ningún problema el primer billete en “Business Plus” de ida y vuelta a Buenos Aires sin el más mínimo recargo, luego ejercí el derecho a anulación de las cuatro reservas y que las transformaran en bonos para utilizar a mi discreción. Las cuatro operaciones las realicé a través de su ‘web’ de una forma muy rápida y sencilla y a los pocos días me llegó por correo electrónico, con la sorpresa que agregaban como compensación (no tenían por qué, ya que esta situación no es por su culpa) un 10 por ciento adicional al importe pagado. No puedo menos que sentirme un cliente satisfecho y de felicitar a Iberia por su reactividad. Ha sabido funcionar muy bien en estos momentos tan excepcionales.

La siguiente fue Aerolíneas Argentinas, aunque era imposible contactar con sus “call center” de Madrid y Buenos Aires, aunque lo intenté numerosas veces. Buscando en Internet encontré un número de “WhatsApp” habilitado para las incidencias derivadas del COVID-19. Escribí con mi caso sin muchas esperanzas de éxito y me encontré una primera respuesta a los escasos minutos, que generó un diálogo para el cambio de mi billete sin ningún coste a una fecha aleatoria, operación que una vez terminada terminó con la reemisión del billete. También me relajó y me gustó.

Air Europa estuvo con su central telefónica bloqueada durante bastantes días. Al final lo conseguí. Me tocó una agente bastante cortante y nada simpática. Si bien comprendo que debía estar agotada, debe que comprender que ella por lo menos cuenta con la suerte de tener trabajo y que ha de resolver los múltiples dramas de muchos pasajeros. Al final solucionó casi todos los casos menos uno, que se negó, no estoy seguro que con razón, cambiándome aleatoriamente a otras fechas. Bastantes días después consiguieron habilitar en su “web” un sistema para anular los billetes y generar bonos, lo cual ejercí fácilmente en todos, menos el que la antipática se negó.

Finalmente, Latam, también tuvo su centralita hiper saturada durante mucho tiempo. Lo único que conseguí es a través de su “web” pedir el rembolso, enviándome un correo electrónico automatizado, que indicaba simplemente que habían recibido mi petición. Desde entonces, cada vez que entro en su sistema me pone, semanas después, que está en proceso. He conseguido hablar una vez con su centro de llamadas después de un E-mail en el que me pedía que tomara una acción para recibir un bono (que no la devolución, pero lo admito), si bien me pide un código que nadie me ha dado; y la agente lo único que ha podido constatar que está en trámite. Después de varias semanas, no sé dónde estoy. Javier Taibo

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