Llegando a Madrid con Air France, se situó el A321 en un estacionamiento remoto…

Llegando a Madrid con Air France, se situó el A321 en un estacionamiento remoto, desembarcando a través de jardineras de la filial de Globalia de “handling”, GroundForce, cuyos coordinadores y conductores no se caracterizan por su eficiencia, ni voluntad de servicio. Les es igual que el primer autobús esté lleno y que haya otros dos, porque siguen haciendo corrito para hablar y reírse mientras los clientes esperan impacientemente, hasta que alguien se da cuenta que ya no queda ninguno por bajar de la aeronave y todos los pasajeros están que trinan.

El “fast track” de control de seguridad rápido del aeropuerto de Palma de Mallorca, que pagan indirectamente los pasajeros prioritarios y los que quieren utilizar individualmente por ese servicio, ha pasado a ser estúpido. Lo único que facilita es no tener cola  (que en invierno no hay en los normales) en el filtro de verificación de la tarjeta de embarque, ya que la cinta del escáner de equipaje de mano, que debería ser exclusivamente para nosotros, los agentes permiten que la utilice todo el mundo. ¿Para qué pagamos entonces por algo que no aporta nada? No he visto ningún aeropuerto del mundo que lo haga así.

Tampoco me parece bien lo que hace el concesionario de las salas VIP de las terminales de T2 y T3 de Madrid/Barajas, que cuando está la primera bastante llena (no repleta) impiden entrar a los tenedores de las tarjetas “Priority Pass”, que son muchos, y les derivan a la segunda, importándoles tres rábanos que embarquen por la T2 o la lejana T1. Esta estupidez no contabiliza que, si bien posiblemente ese sistema pague menos por el uso que compañías aéreas o individuos, su facturación con él es inmensa y no pueden considerar a los pasajeros clientes como de dos categorías diferentes, la buena y la mala. Si están completas, lo cual debería ser motivo de alegría, que las amplíen, pero todo menos maltratar a un usuario VIP.

Peor es la que ofrece la alianza “Skyteam” en Munich, en donde la inútil de recepción le importó varios pepinos que en la tarjeta de embarque pusiera claramente que tenía acceso a la sala y me pidió la justificación de que era titular del nivel “Platino” de Air Europa, que no pude mostrar -aunque si mi enfado-, por estar la aplicación de teléfono móvil de esa compañía con problemas, pero si mi “Platinum” de Air France. Mala y deprimentemente dotada y anticuada, cuando salí para ir al aseo, que ni dentro había, estaban otros dos empleados de la sala, mujer y hombre, dando el segundo un claro masaje a la primera a la vista de los clientes. Si clausuran la sala, la remodelan y despiden a sus sirvientes ganaremos todos, menos ellos.

Tenía billete para el último Palma-Madrid de Air Europa, pero tenía un retraso previsto de un par de horas, por lo que quise cambiarlo al anterior, que salía dos horas antes y se estimaba que tenía también otras tantas de demora. Yo eso lo hice con mucho tiempo de antelación. Quiso la compañía en el último momento aceptar pasajeros del segundo en el primero, algunos con maletas, y cuando estábamos embarcados faltaban tres. Hubo que buscar el equipaje y fue laborioso, no entiendo por qué, con lo cual asumimos 60 minutos adicionales de espera. ¿Por qué si yo hice mi movimiento con mucha anticipación tuve que sufrir que la compañía aceptara a esa gente al final, perjudicándonos a todos los demás?

A la vuelta, el imbécil era el pasajero que estaba en el asiento de ventanilla y yo, no menos imbécil, de pasillo. Era de esos mamelucos que hablan por teléfono con auriculares y no se dan cuenta que gritan, porque no se oyen, además de toser y sorber los mocos dando apariencia que esnifaba drogas, aunque reconozco que mi experiencia en relación a su sintomatología se limita a la televisión. Lo que si me encanta es el almuerzo vegetariano que sirven en la clase “Business” de esa compañía española. Exquisito, sano, bien presentado y abundante. Y no matan animalitos. Vamos a ver qué pasa en manos de Iberia.

Menos gracia me hizo embarcando en un Embraer E195 de la misma empresa en cuya cabina (iba en la primera fila) sonaba muy alto música flamenca. Me sorprendió que hubieran sustituido la tradicional ambiental, pues la oriunda de Andalucía no a todo el mundo le entusiasma -a mi hay algo que sí y mucho que no-, pero, sobre todo, el volumen, excesivamente alto… hasta que descubrí con un cambio de canción que venía de la cabina de pilotaje. Me quedé alucinado. Me figuro cuánto duraría un empleado de banco que pusiera “rap” a todo meter en su mesa de la sucursal. Y no parece muy compatible con la concentración de los trabajos prevuelo de los aviadores, que se debían creer que estaban en un “tablao” a las 7 de la mañana.

En terminales como la de Palma y la T2 de Barajas han puesto barreras en el vial de vehículos en la planta de salidas para que los conductores retiren un “ticket” y, si superan los 15 minutos después de su entrada, que paguen por ello. No me parece ni bien ni mal, aunque tecnológicamente están muy avanzados, leyendo la matrícula y no necesitando, si es gratuito, ni validar el ‘ticket’ ni que lo lea la máquina en la salida, ya que lo controla por la matrícula del automóvil. Lo que no me explico es porque instalaron ese sistema en la T4 y tiempo después lo quitaron. Debió costar una fortunita poner bordillos, aparatos, pintura y no sé qué más y luego retirar todo menos la última. Siempre en estos casos me pregunto lo mismo: ¿El que ha metido la pata colocándolo y luego retirándolo pagará el “pato” o AENA necesita tirar el dinero inútilmente? Suele ocurrir con cierta frecuencia también con los pasillos móviles de las terminales.

Javier Taibo

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