No tengo claro que pasó en un Madrid-Palma de Air Europa en clase ejecutiva…

No tengo claro que pasó en un Madrid-Palma de Air Europa en clase ejecutiva, en que dos británicas indefinidas (no sé si eran madre e hija, hermanas, amigas, pareja o colegas de trabajo), que o estaban borrachas, o drogadas, o eran más raras que yo, montaron un alargado pollo, porque no querían ir en Business, cuando su billete y tarjeta de embarque así lo demandaban. Le dieron la murga, que soportó con estoicidad, aunque se notaba que le hervía la sangre, a la sobrecargo, levantándose y sentando, subiendo y bajando del “rack” su voluminoso y pesado equipaje de mano para intentar cambiarse a turista, que en vuelo por fin hicieron, aunque al parecer no tenían dos butacas contiguas y tras intentar frustradamente que un payés mallorquín ocupara sus lugares originales y de recibir un rapapolvo de la tripulación por levantarse cuando estábamos a punto de iniciar la carrera de despegue.

Volando a Granada estrené la renovada y ampliada sala VIP de Iberia en la T4 de Barajas. La verdad es que esta compañía sabe hacer las cosas. Nada más entrar en ella un pasajero se desplomó creándose un pequeño revuelo, controlado en seguida y fue atendido por los servicios sanitarios del aeropuerto. Pensé que era una de las tan de moda “performances” que se hacen en espacios públicos para entretener a la gente, pero no, fue de verdad. Lo que no es de broma es la mafia que tiene la veintena de taxis que atienden en monopolio el aeropuerto andaluz. Tras media hora de espera pedí a mi hotel que me enviaran uno, al que sus colegas de la terminal le montaron un pollo pese a estar investido de legalidad.

La meteorología adversa provocó que en Palma aterrizara con Iberia Express, no sé si en Categoría II o III, pero lo cierto es que tripulación técnica y auxiliar hicieron una preparación meticulosa de la cabina, especialmente en lo que se refiere a que tuviéramos apagados todos los aparatos electrónicos, reiterando que íbamos a realizar un aterrizaje de precisión. Me generó una inquietud, no por el procedimiento y las circunstancias, sino por pensar que no todos los aterrizajes son de precisión entonces, según el comandante de la aeronave.

Hace tiempo que defiendo que el personal de AENA, o de sus concesiones, que atiende las salas Vip es magnífico, pero en esta ocasión sobrepasaron con creces sus obligaciones. Tras dormir escasamente para abordar un tempranero vuelo de Air Europa a Palma, que luego resultó tener una hora y media de retraso, pregunté a una de las agentes cuál era la mejor zona para descansar en la correspondiente a la T3. Me quedé frito hasta que sentí que esa profesional me despertaba suave y delicadamente para decirme que el avión estaba cercano al embarque e indicarme que me daba tiempo a tomar un café: Realmente increíble.

Pocas veces he sufrido un apuro por la alta posibilidad de perder un vuelo, por no encontrar el pasaporte. Al final estaba donde estaba seguro que no podía estar, en un sitio a 70 km. de donde me encontraba. Pero llegué y para compensar había un notable retraso, que a su vez ponía en riesgo una conexión en Roma/Fiumicino, pero la eficiencia de Alitalia en esos casos resolvió todo, pese a una solemne caminata a marcha rápida.

Latam Airlines sigue yendo en picado. Tenía comprado junto a otras dos personas un Lima-Santiago en la clase ejecutiva de sus aviones de fuselaje estrecho, que denominan “Premium Economy”, para no variar en asiento de pasillo de la primera fila. Tras pasar el control de seguridad, abrí la aplicación de mi teléfono para mostrar la tarjeta de embarque en el de pasaportes y ya me extrañó que hubiera desaparecido y me obligaba a emitirla otra vez. Me percaté que en la nueva la butaca asignada era la 9J, en lugar del 1C. O habían cambiado a un avión de fuselaje ancho, o alguna chapuza hicieron.

Tuve que ir al mostrador de tránsito, en la planta baja de la terminal, y la agente incompetente me dijo que debía ser un error, que era un A320 y tenía “Premium Economy” y devolviéndome al 1C. No me quedé nada tranquilo y empecé a suponer que habían eliminado la clase superior, pese a tener, cuando menos, tres pasajeros de pago. Me reencontré con mis compañeros de viaje, les expliqué lo sucedido y les sugerí que miraran su tarjeta de embarque… y también les habían cambiado a la 9. Volvimos enfadados al mostrador y ahí otra agente reconoció que había suprimido la “Premium Economy”, les devolvieron a la fila 1, aseguraron que iban a dejar la plaza central libre y que una persona de Latam iría a la sala Vip a darnos explicaciones, algo que nunca ocurrió.

En el embarque, con el avión en remoto, montamos el pollo por el problema, sus mentiras y exigiendo una compensación, que no se resolvió hasta que apareció otra incompetente que dijo que nos enviaría bonos por 250 dólares a cambio de billetes o de la mitad en dinero y que lo tendríamos esa misma noche en nuestro correo electrónico, algo que se produjo diez días después, tras una contundente protesta y amenaza clara de escalar el incidente a sus superiores. Al final volamos en la fila 1, con el asiento central libre, la tripulación haciendo lo imposible para compensarnos y asientos libres en el avión para que hubieran podido mantener la “Premium Business”. El resumen es que, a cambio de ahorrarse el “catering”, pagaron a cada pasajero (había algún otro más) 250 dólares. Cada vez entiendo menos a ese grupo.

JAVIER TAIBO

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