Presentan alegaciones al proyecto de hacer de Casarrubios un aeropuerto comercial

Air City Madrid Sur anunció este mes su intención de promover la construcción de un segundo aeropuerto comercial de la capital de España, en esta ocasión de carácter privado, complementario y alternativo a Barajas, con una inversión inicial de 148 millones de euros. El Grupo Independiente de Calypo Fado y Casarrubios del Monte presentó alegaciones como partido político de ámbito local que está legalmente constituido y registrado en el Ministerio del Interior ante la Dirección General de Aviación Civil (DGAC) al proyecto de esa localidad de Toledo, en las que pide que se le tenga como parte interesada, precisando que afecta a las comunidades de Castilla-La Mancha y Madrid. También ha pedido a la DGAC que se le facilite copia de documentación del expediente en tramitación sobre propuesta del nuevo aeropuerto civil en Casarrubios del Monte presentada por Air City Madrid Sur.

El partido local ha justificado su petición porque, de acuerdo con las informaciones que se han conocido, limita con la urbanización Calypo Fado, en la que residen unas 4.000 personas, entre vecinos empadronados y no empadronados, exigiendo «claridad, transparencia y publicidad a los promotores y a las instituciones» y que «no se ponga el interés especulativo por encima del interés general en este proyecto y por delante de las personas que pueden verse gravemente afectadas». También ha reclamado «que el proyecto sea sostenible medioambientalmente», así como que haya transparencia en la financiación y conocer la procedencia real de los fondos que sustentan esta inversión, que, según su información, «son aportados por empresas de origen chino o de fondos de inversión participados mayoritariamente por capital de origen chino».

Asimismo, el Grupo Independiente ha aseverado que «ha sido tramitado hasta ahora con total obscurantismo y ocultación y sin que los ciudadanos afectados conozcan su alcance y repercusión, lo cual nos preocupa porque lo publicado en los medios de comunicación es que dicho proyecto limita territorialmente con la propia urbanización Calypo Fado», que «lleva asentada y en desarrollo más de cuarenta años y es ajena a afecciones y servidumbres acústicas y el nivel de contaminación acústica derivado del aeródromo es casi nulo y así debe seguir siendo, en todo caso». Puso en conocimiento de la Dirección General de Aviación Civil que los suelos en los que se propone construir el aeropuerto están clasificados como suelo rústico protegido en el Plan de Ordenación Municipal (POM) de Casarrubios del Monte, que se aprobó inicialmente el 27 de diciembre de 2012 por el Pleno del Ayuntamiento, y que en ellos hay «numerosas especies vegetales y animales protegidas».

Entiende «que este proyecto no responde a una necesidad real sino a una operación urbanística especulativa de gran calado, que tiene gran parecido con el proyecto del aeropuerto de Ciudad Real«. Por este motivo, ha pedido que se le facilite «el informe de viabilidad económica emitido por la Consejería de Economía y Hacienda de la Comunidad de Madrid, que emitió un primer informe que dictamina que los promotores tienen recursos económicos y técnicos para llevar a cabo un proyecto de esta envergadura, en relación con el Proyecto de Alcance Regional (PAR) interesado por los promotores ante la Comunidad de Madrid». Los vecinos cuestionan el ruido que pueda generar la infraestructura, pero creen que atraerá riqueza y generará 5.500 empleos directos y 13.300 indirectos en sus primeros diez años. El potencial de desarrollo industrial anexo al proyecto, con 2,5 millones de m2., puede suponer cerca de 32.000 empleos directos.

La idea de hacer un aeródromo en Casarrubios se remontan a de los años 50, cuando el niño navarro Ignacio Elduayen veía pasar los aviones militares que se dirigían a hacer prácticas de tiro al polígono de Las Bardenas y soñaba con ser un día piloto. Elduayen recaló en Madrid, donde se hizo piloto y hace 25 año, construyó junto a su familia, casi de manera artesanal, el pequeño aeródromo en el linde entre Madrid y Toledo, al lado de El Álamo y Navalcarnero. Durante el invierno 2016-17, en su afán por recuperar el poder en el PSOE, en la gira por España encoche, el actual presidente Pedro Sánchez recaló en el aeródromo y comió con familia Elduayen. Posteriormente, las comunidades de Madrid y de Castilla-La Mancha se pusieron de acuerdo y aprobaron seguir adelante con la construcción de un segundo aeropuerto comercial en Madrid en los terrenos que actualmente ocupa el aeródromo de Casarrubios-El Álamo.

Desde principios de septiembre, el Ministerio de Fomento y la DGAC tienen sobre la mesa el proyecto de Air City Madrid Sur, un grupo de empresarios –entre los que se encuentra la familia Elduayen- que espera que el plan se complete y en 2023 despegue el primer avión comercial. Uno de los hijos de  Elduayen, Ignacio, no esconde que la llegada de Pedro Sánchez a la Moncloa ha sido un espaldarazo para el proyecto. Más allá de alguna reticencia entre la población por el ruido que pueda causar, en las tres localidades que rodean al futuro aeropuerto hay un consenso general en que será muy bueno para la zona y traerá riqueza y, posiblemente, porque harán falta infraestructuras, como que el anhelado tren llegue a Navalcarnero. De hecho ha sido acogido favorablemente por los alcaldes de Casarrubios, Jesús Mayoral (PSOE); El Álamo, Natalia Quintana (PP); y José Luis Adell (PSOE) . Sólo en la fase constructiva  prevé que se generarán 12.500 puestos de trabajo.

Ignacio Elduayen insiste en la solidez de un proyecto que «será llevado a cabo por empresas del sector y con los pies en el suelo, no es ninguna locura» y la inversión final puede acercarse a los 1.800 millones de euros, y que igualará a Madrid con otras grandes capitales europeas como París o Londres, que cuentan con otras infraestructuras aeroportuarias complementarias, como Gatwick y Orly. Air City Madrid Sur están convencida de que su apuesta no será un fiasco, porque está a menos de media hora en coche de Madrid, a 30 kilómetros, y Barajas, al ritmo de crecimiento actual, estará saturado en tres o cuatro años, como ya sucede con el aeródromo de Cuatro VientosBarajas recibe 55 millones de pasajeros al año y Casarrubios-El Álamo (tendría un 70 por ciento de su superficie en Madrid y un 30 en Toledo) aspira a que pasen por su terminal unos 5,5 millones cuando esté operativo. Pretende ser una plataforma para las aerolíneas de bajo coste y los vuelos ejecutivos.

Si se superan todos los trámites –Fomento, DGAC, Confederación Hidrográfica del Tajo, Medio Ambiente…-, espera comenzar las obras en 2020 y pretende ofrecer una residencia de pilotos y una Universidad que los forme. La socidad es de capital español privado, presidida por el empresario toledano Gregorio Marañón y su consejero delegado es Javier Ruedas. Entre los participantes en el proyecto se encuentran firmas como la escuela European Flyers, Gamt Consultoría y Desarrollo o Pasiphae,  creada en su momento por el ex ministro Josep Piqué. No tiene obstáculos orográficos, permite volar prácticamente todos los días del año por su clima, no existe incompatibilidad con otros aeropuertos de la zona, hay excelentes comunicaciones y puede suponer un impulso para otros medios de transporte de la zona y se trata de ampliar unas instalaciones ya existentes. Se prevé una pista de 3.200 m., frente a la actual de 1.000, aunque sólo 800 útiles; una terminal de 15.000 m2. en su primera fase y más 50.000 para mantenimiento.

Fotografía: El aeródromo de Casarrubios.

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