Hacía cierto tiempo que no iba a Venecia y tras desembarcar salí, como hice siempre, de la terminal…

Hacía cierto tiempo que no iba a Venecia y tras desembarcar salí, como hice siempre, de la terminal, yendo por una senda exterior colindante al estacionamiento de vehículos para ir al muelle desde donde se embarca por 120 euros en las lanchas taxi que permite el desplazamiento de lujo a la hermosa ciudad. Caí en el ridículo, pues construyeron una pasarela elevada cubierta con pasillos móviles y ascensores y aire acondicionado, que descu­brí cuando llegué a la terminal marítima. Ya me extrañaba que el viejo camino estuviera tan poco señalizado y no me cruzara con ninguna persona.

La sala VIP del aeropuerto “Marco Polo” ha crecido y fue remodelada totalmente, quedan­­do estupenda y muy bien dotada de comida, bebidas, espacio y mobiliario. Tiene el detalle italiano de estilo que, pese a ser autoservicio, para el café hay un mayordomo que lo prepara. La sala más grande de las tres del aeropuerto de Palma de Mallorca abrió sus puertas tras una gran rehabilitación. No está mal, pero tengo que reconocer que me gustaba más de mobiliario y habitat la de antes. Ahora parece un “snack bar” decorado en plan “vintage”, hablando en castellano. Pero el personal es el mismo y encantador y está bastante bien dotada de “catering”.

En un Madrid-Palma en Business de Air Europa, transportando un perro en bodega que estuvo muy bien cuidado por Air Europa, dos extrañas británicas, que no sé si eran madre e hija, pareja o amigas insoportables, montaron un pollo porque iban en esa clase y habían dicho a su agencia de viajes que querían ir en turista (su billete era de clase ejecutiva). Hacían cosas rarísimas con su enorme equipaje de mano y pusieron a la sobrecargo en una situación comprometida y justo cuando íbamos a despegar la que parecía más joven se levantó para ir por el pasillo hacia atrás de la cabina, lo que supuso la actuación de la tripulación. No tengo claro cuál era su historia, pero sí que era muy extraña.

En una sorprendente coincidencia yendo a Londres/Heathrow, en el vuelo de ida me tocó estrenar el primer Airbus A320neo de Iberia y en el retorno abordé también por primera vez un A350 de la compañía española, en este caso el segundo entregado. En el primer trayecto viajé en salida de emergencia en pasillo y comprobé que los asientos son de extremada alta densidad y que los baños traseros, en lugar de estar antes del “galley”, están integrados en él, con un tamaño más pequeño, pero me sorprendió positivamente su ingeniería de diseño, al contar con todos los detalles necesarios inteligentemente acoplados, incluyendo una tabla plegable para cambiar pañales a los bebés.

El A350-900 está muy bien, pues la cabina es más ancha que la de los A340 y A330 y eso se nota, al igual que el confort que produce el mayor nivel de humedad en la cabina y la menor percepción de ruido. La butaca de Business es la misma que la de los A340/A330 de la compañía española, pero modernizada, aunque se echa en falta el recipiente para vaciar los bolsillos que tienen estos últimos. La pantalla del sistema de entretenimiento es enorme.

Volé por primera vez en la nueva clase Affaires de vuelos intercontinentales de Air France, en concreto en un Boeing 777-200ER. Ya era hora, pues en la anterior la butaca no se ponía en posición completamente horizontal y su incómoda configuración de filas de 2-3-2, estaba totalmente fuera de mercado, siendo ahora 1-2-1. Esta es buena, al igual que el servicio de entretenimiento y la atención a bordo de la aerolínea francesa. Echo de menos un panel lateral, abatible o no, que dé más privacidad y que haría que fuera como una “suite”. Eso sí, la caminata que me di desde la pasarela en la que desembarqué de Madrid fue épica, pasando previamente por una nueva sala VIP, que también me parece un “snack bar”, bastante repleto de gente. El regreso a Madrid fue en un pequeño A318, que sólo tenía 6 plazas en la clase “Affaires”. Me acuerdo hace años, cuando las clases ejecutivas a París de Iberia y Air France eran de diez o quince filas.

Tuve que adelantar un retorno de Palma a Madrid y lo sensiblemente más barato fue Ryanair (casi una miseria, incluyendo la compra de asiento de la fila uno), en pleno periodo de huelgas. Vuelo sin problemas, si bien con el tripulante de cabina de pasajeros tenía que hablar en inglés. En otro Madrid-Palma con Air Europa opté por ceder mi asiento de Business, sentándome en la butaca central de turista colindante a la de una persona con la que viajaba. Cuando llegó el titular real de la plaza que ocupé le pedí si aceptaba sentarse en mi lugar, para que nosotros pudiéramos viajar juntos. Inicialmente el malhumorado señor puso cara de contradicción y titubeó sobre la aceptación de mi propuesta, pero cuando se enteró que era a Business la cara antipática se le borró y mostró una sonrisa y su beneplácito. Posiblemente me hubiera pasado lo mismo.

Terminé reuniones en Gran Canaria y acudí al aeropuerto tres horas antes del despegue en Iberia Express. En las pantallas vi que estaba en última llamada el vuelo anterior y me dirigí raudamente a su puerta de embarque, con pocas esperanzas de que permitieran adelantar mi regreso. Una profesional y eficiente agente de “handling” de Iberia me aceptó en un periquete, encareciéndome que fuera rápido al avión, porque iban a cerrar las puertas. Me hizo un favor monumental y de cara a su compañía utilizó un asiento que iría vacío, liberando una plaza que se podría vender de mi vuelo original. Así da gusto.

JAVIER TAIBO

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