Sustrae un avión, lo vuela y se estrella

Richard Russell, de 29 años, un empleado dedicado a remolcar aeronaves y cargar equipajes en el aeropuerto sustrajo un biturbohélice de transporte regional Bombardier Q-400 de Horizon Air –propiedad de Alaska Airways y donde trabajaba desde hacía tres años- de 76 plazas con 950 l. de combustible sin pasajeros ni tripulantes, despegó sin autorización de Seattle/Tacoma (Estados Unidos), voló, con maniobras violentas sobre la Bahía de Puget, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, durante una hora y media y se estrelló intencionadamente en un acto de suicidio, después de ser interceptado por dos cazas F-15 armados –lanzados en Portland poco después que se fuera al aire- y listos para derribarlo si la aeronave daba el menor indicio de que iba a estampar su aparato contra algún lugar habitado.

Las autoridades han difundido la conversación entre el mecánico y la torre de control, en la que el primero oscila entre los pensamientos suicidas, las preguntas técnicas acerca de cómo pilotar la nave y las incoherencias. Dijo que quería ver «a la orca madre con su cría», en referencia a una de esa Bahía que se ha convertido en la estrella del verano en la zona porque llevaba arrastrando en su boca el cadáver de su cría desde hacía días. También preguntó al controlador si creían que su compañía le daría trabajo como piloto después de la hazaña, aunque descartándolo inmediatamente porque era blanco. descartó el aterrizaje en una base aérea, afirmando: “Solo soy un tipo roto, supongo que con algunos tornillos sueltos. No me di cuenta nunca, hasta ahora”, rechazando la ayuda del centro de control, asegurando que había aprendido a volar con videojuegos. Las autoridades creen que el mecánico utilizó un tractor de arrastre para maniobrar el avión desde un lugar de mantenimiento.

“Tengo un montón de gente que se preocupa por mí. Les va a decepcionar saber que yo he hecho esto. Quiero pedirles perdón a todos y cada uno de ellos”, dijo. Posteriormente cambió de tono y aseguró al controlador: «No quiero hacer daño a nadie, sólo quiero que me digas cosas bonitas al oído». La acción llega justo cuando la TSA (Transportation Security Administration) estuvo a punto de eliminar los controles de seguridad de 150 aeropuertos regionales de Estados Unidos que admiten aviones de hasta 60 pasajeros y atienden a casi 4 millones de pasajeros al año ahorrando 115 millones de dólares y se podrían destinar a 1.300 miembros del personal de seguridad -muchos de ellos trabajadores de empresas privadas que obtienen contratos con la FAA (Federal Aviation Administration)- a aeropuertos más grandes. Estos planes fueron desvelados por una cadena y la reacción de la opinión pública obligó a repensarlo. En 2017, Tacoma fue el 9º aeropuerto con más tráfico de Estados Unidos y el 31º a nivel mundial.

 

Foto: Ricard Russell delante de un Q400 de Horizon Air.

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