Con 95 años falleció mi augusta madre en la cama de su casa y rodeada de familia

Con 95 años falleció mi augusta madre en la cama de su casa y rodeada de familia. Consideran­do su dulzura, amabilidad, bondad, inteligencia y pacien­cia, mucha gente que la conocía duda de que yo fuera realmente su hijo. Esto viene a cuento al hecho que fue la responsable de que yo no volara por primera vez hasta que tuve 17 años, en un biturbohélice Fokker F27 Mk.100 de AVIACO de 44 plazas entre Madrid y La Coruña, por un importe del trayecto de ida de 8,23 euros, todo comprendido, incluyendo el entonces típico y tópico zumo de naranja que se daba a bordo. Hoy aquello, de 1974, suena a prehistoria.

Mi madre tenía pánico a los accidentes aéreos por razones más que justificadas, ya que amigos íntimos habían fallecido en sonados siniestros de avión, incluso unos estando mis padres esperándolos en el aeropuerto. Para colmo, un birreactor “Caravelle”, también de AVIACO, se estrelló a escasa distancia de la casa donde veraneábamos, muriendo todos sus ocupantes y yo llegué al lugar antes que los servicios de emergencia y de seguridad. Retirando objetos de su casa encontré el elemento de entrada de combustible al depósito de un ala que sustraje en el monte donde impactó contra las copas de unos eucaliptus, a donde me dirigí sagazmente después que me echara la guardia civil del sitio donde ardía el fuselaje, convencido de lo ocurrido.

Eso no fue óbice para que mi padre se desplazara en avión con mucha más frecuencia que lo que era habitual en aquellos tiempos y le recuerdo desembarcando de Convair CV440 de Iberia y similares. Creo que tienen claro que desde entonces la vida me hizo volar con inusitada frecuencia, compensando mis primeros 17 años. Y lo he hecho tanto que pocas cosas me sorprenden en el transporte aéreo. Pues Air Europa lo logró en uno de sus más modernos 737-800 para ir a Palma de Mallorca, configurado para la impactante cantidad de 186 asientos, que ha conseguido integrando los dos aseos traseros en el “galley” y reduciendo su tamaño, haciéndolos contiguos y mucho más pequeños.

La compuerta de acceso se abre hacia fuera, ya que apenas se podría maniobrar con un pasajero en su interior. Esto provoca que el cierre, en lugar de desplazarlo a la derecha, es al contrario, lo cual generará que si ya unos cuantos pasajeros no saben bloquear la puerta en los aseos normales, en éste pasarán a ser muchos. De hecho, yo lo averigüé a la cuarta vez de no conseguir bloquearla, leyendo una pequeña etiqueta en inglés. Si se suma a la tapa del retrete delantero que nunca se queda levantada para que los varones hagan micciones, problema técnico que Boeing no ha resuelto en medio siglo de 737, este birreactor es propio de guarretes.

Pero la verdadera sorpresa no fue esa. Hace tiempo que en los vuelos de corto y medio alcance voy en turista y en asiento de pasillo de salida de emergencia. Y en este caso no podía ser menos. Supone que unas cuantas veces al mes me recita la misma cantinela un tripulantes de cabina de pasajeros para reiterarme si soy consciente que voy sentado en ese lugar, que tengo que leer las instrucciones de seguridad para abrir la salida en caso de emergencia e indicar que bolsos y abrigos deben ir en el maletero superior y que no puedo despegar ni aterrizar con auriculares.

Pues me llamó tanto la atención que no lo hiciera nadie, que a un auxiliar le pregunté porqué, respondiéndome que ya no se practicaba debido a que se habían incorporado las instrucciones para esos casos en el folleto general (lo cual no era óbice para que insistieran en que las tenía que leer). Quise saber desde cuándo no se hacía y me respondió sin dudarlo que un par de semanas. Más sorprendente todavía es que no se hizo la demostración de medidas de seguridad, ni por video, ni personalmente.

Me pareció tan insólito y raro, especialmente que la Agencia Estatal de Seguridad Aérea hubiera relajado tal cambio en las normas, que esperé al siguiente vuelo, de Air Europa Express, en el que lo hicieron a la manera tradicional. Pensé si se trataba de algo propio del certificado de operador aéreo de su matriz. Fui a París en otro 737-800 en donde una ‘tecepé’ vino a la manera usual a informarme que estaba en salida de emergencia. Le relaté lo que me había pasado y puso cara de incredulidad, diciéndome que no era posible, pero le convencí de ello. Estaba tan alucinada que quería escribirlo en el parte de su vuelo. Incluso cuando inició el apoyo en el pasillo al video de demostración me insistió con señas y cara de perplejidad si seguro que tampoco habían hecho eso. Nunca sabré qué pasó en aquel vuelo.

Por cierto, que sigo sin entender porqué cuando se llega desde España al aeropuerto de Toulouse siempre hay control de documentación, pero yendo a París no. O las unidades de la Gendarmería no se comunican entre ellas para hacer lo mismo en todas las instalaciones, o hay una razón de ser que se me escapa. El otro “regalito” de Air Europa fue yendo a Palma a las 07:15 de un sábado (me levanté a 70 km. de Madrid a las 04:00), pues canceló el vuelo (mintiendo, pues dijeron que tenía retraso), recolocando al escaso pasaje en otro avión tres horas más tarde. Les deberían de multar. Y estoy seguro que eso lo podían haber pensado y comunicado a los clientes el día anterior: Cada vez peor.

JAVIER TAIBO

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