En invierno volé bastante en Air Europa en vuelos domésticos a las islas…

En invierno volé bastante en Air Europa en vuelos domésticos a las islas, con el denominador común que en todos los casos iban bastante vacíos y, consecuentemente, que las tarifas estaban por los suelos, algo en lo que coincidían varias per­sonas con las que conversé. No parece bueno para su cuenta de resultados. En uno de ellos aposentaron al lado a otro claro colega de trabajo de los tripulantes, que, como era evidente que le habían sentado irregularmente, se pasó hasta que empezamos a rodar, haciéndome levantar varias veces, creyendo que le iba a desplazar algún pasajero de pago. Le cuidaron y le invitaron como no hacen con un modesto “Pla­tinum” del pro­grama de pasajeros frecuentes “Flyingblue” como yo. Esto es demasiado repetitivo y hay ya que considerarlo como un hábito de comportamiento en esa empresa.

Para ir a Buenos Aires desde la T4S me dirigí a uno de los mostradores de control de pasaportes de los no ciudadanos de la Unión Europea, que estaba muchísimo más vacío y era más fluido que los que me correspondían, a diferencia de lo que ocurre en cualquier país civilizado. Para compensar, en la llegada a Ezeiza el de no pertenecientes al Mercosur se mostraba insólitamente vacío, al igual que la aduana, que normalmente están masificados, con lo cual mi breve visita a Argentina comenzó con buen pie.

Al día siguiente, en jornada laboral no demasiado tem­prano, a las nueve de la mañana, disfruté de la sala VIP de Latam, magnífica y de considerable tamaño, yo solo, con lo cual fue muy confortable e insólito. A bordo, sentado en un pasillo de la primera fila, protesté a la sobrecargo por el hecho que a un niño pequeño que embarcó poco después le saludara con voz de cariño y le llamara cosita rica y al resto del pasaje no. Durante el vuelo se dirigió a mi todo el rato como cosita, lo cual me pareció muy simpático, algo que no fue el ingreso en el aeropuerto de Santiago de Chile, donde la saturación de los controles de pasaportes y de aduana e internación de productos animales y vegetales está ya tan repleta, incómoda y cada vez más desorganizada, dando una imagen tan mala del país que no corresponde. Las colas son interminables.

De Santiago fui a Lima en un A319 de Lan en clase ejecutiva, llevando al lado a uno de esos pasajeros que se creen que han comprado para él solo el asiento central depositando allí sus enseres y acaparando la mesita correspondiente, casos en los que yo me erijo como que sus objetos son reposavasos, reposapapeles, reposaperiódicos y reposadetritos. Normalmente suelen rectificar su actitud inicial y me miran como si estuviera loco. No lo entiendo.

Los señores de Acciona que operan el “handling” de terminal para algunas aerolíneas en Santiago de Chile son muy buenos de atención al cliente, algo encomiable en una em­presa con esa actividad, pero, en vez de maniobrar para situar las pasarelas telescópicas en las puertas de las aeronaves, en alguna ocasión las incrustan en cualquier otra parte del fuselaje. Es lo que me pasó en un vuelo de Iberia para regresar a Madrid. Al final tuvo 18 horas de retraso, pero yo me sentí mimado por la aerolínea y el operador, que facilitaron que regresara lo antes posible en un vuelo de Lan, informándome perfectamente de las incidencias. Teniendo en cuenta que por un tema personal tenía apremio para regresar, los inconvenientes de esa situación se han traducido en un trato espectacular del que me siento agradecido.

De Palma a Madrid llevé un gatito abandonado a su nuevo hogar. Aunque no me gusta así, me lo entregaron dormido, con lo cual, cuando lo saqué de su bolsa para pasar el control de seguridad, parecía que estaba portando un cadáver y yo me esforcé en poner cara normal, es decir de perturbado mental, para que la gente acrecentara su preocupación cuando me miraba. Qué pardillos y de ideas preconcebidas son los huma­nos. El final feliz es que llegó a su casa sano y salvo.

Entre Madrid y Río estrené el Airbus A330-200 de Iberia, con su reducida cabina de “Business Plus”, que hace que sea muy íntima con sus 16 butacas cama. La verdad es que entre algunas plazas libres y que iban siete colegas y conocidos a bordo, íntima era poco, pero agradable mucho, con una tripulación de las que pueden hacer que Iberia sea como Singapore Airlines. La verdad es que esta compañía aérea se está convirtiendo en una de las muy buenas del mundo.

También estrené la nueva terminal del aeropuerto de Río/Galeao, que si la derriban y la construyen de nuevo harían un favor a los pasajeros y operadores. El kilométrico y antiestético recorrido para ir desde la puerta de desembarque hasta el control de pasaportes, sin ninguna comodidad, ni funcionalidad, ni estética, en esa instalación erigida tarde y mal para atender los Juegos Olímpicos de Brasil del año pasado, hace que sea de las peores infraestructuras de este tipo del mundo y llevan a pensar cómo han podido hacer las cosas tan mal. Hace no mucho Brasil era uno de los países que se proyectaba al liderazgo mundial y hoy da pena.

JAVIER TAIBO

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