Julio/Agosto 2014

Mi Página

Crítica al aeropuerto de Barajas, hacia cuyos responsables tengo que quitarme el sombrero, porque cada vez que hago una que consideran justificada, la corrigen. Se abrió un cómodo control de seguridad donde acaba el pasillo que comunica el estacionamiento P-2 y la estación de metro en la terminal T3. El problema es que en el lugar de donde parte ese pasillo no hay ninguna indicación de las puertas de embarque que corresponden a cada vuelo (sólo de los mostradores de facturación), con lo cual es imposible saber si es más adecuado utilizar ese filtro o los antiguos. Cuando lo estrené resultó que mi vuelo estaba en la T2. Pedí a un gorila del control que lo transmitiera a sus superiores, pero contestó que “tenía que poner una reclamación a AENA”. Volé por comodidad con Vueling entre Madrid y París/“Charles de Gaulle” con su tarifa “Excellence” (o como se llame). No lo repetiré. Implica asiento de la fila 1 con el central vacío y tiene un espacio exclusivo para sus usuarios en los maleteros (que no se cómo consiguen que los otros lo respeten). A bordo se pueden elegir productos del “catering” de pago, pero da pena: la pasajera de al lado no había pagado esa tarifa, aunque iba ahí (el vuelo estaba lleno) y pidió un té muy caliente porque estaba destemplada y cuando le dijeron el precio quiso que le dieran sólo el agua caliente (que creo que también es de pago, aunque no se atrevieron).

Peor es que llega a una extraña Terminal 3, que es de compañías de bajos costes y no ofrece ni trenes ni autobuses (salvo para el traslado a las otras) y un pelotón de aduaneros pasó por la criba a una buena parte de los pasajeros, incluyéndome (inspeccionaron hasta el dinero que llevaba en el billetero y el equipaje en profundidad), en un vuelo entre las capitales de España y Francia. Cada vez entiendo menos a la Unión Europea. El retorno horrible, con un retraso de más de una hora en la destartalada terminal, que no tiene, por supuesto, sala VIP y ofrece escasa información. El embarque y desembarque, por supuesto a través de autobuses, que sólo abren la puerta delantera para solapar al ganado.

Para ir de Ibiza a Mallorca utilicé Air Nostrum, que su Bombardier CRJ900 tiene la decencia de comercializarlo sólo como clase económica. No sé si los problemas económicos de la empresa y los recortes laborales les han hecho cambiar o simplemente que la sobrecargo era apática y poco dedicada a sus labores. Aterrizamos por una pista, estacionamos en remoto al lado de la otra, tardó un buen rato en llegar la jardinera y dentro de esta esperamos a dos pilotos en movimiento de esa compañía mientras se despedían de la tripulación operativa y retiraban sus equipajes de la bodega, con una falta de respeto total hacia el pasaje de pago.

De allí nos llevaron a la terminal regional, lo que obligaba a ascender hacia la zona de embarque de la principal, para luego descender, saliendo por el área de entrega de equipajes y tener que volver a subir para que me recogieran en salidas. Gracias al transporte aéreo no tengo que pagar un gimnasio. Air Nostrum abdicó de muchas cosas que le han hecho con frecuencia ser calificada como la mejor aerolínea regional europea. Toulouse-Madrid con sólo dos pasajeros en Business: al primero le dieron a elegir entre dos platos de cena y a mí, que estaba sentado más atrás, me ofrecieron el que no había elegido el otro.

Claro que sigue siendo peor Air Europa: sentado en salida de emergencia, una tripulante de cabina de pasajeros pretendió que no tuviera ni un periódico, ni un bolígrafo en la mano durante el despegue ni el aterrizaje, justificándolo porque si había una evacuación esos elementos podían entorpecerla si se caían. Le comencé a preguntar porqué no volábamos descalzos, por si se salía un zapato, etc. Hice “sudokus” durante el despegue y aterrizaje.

Esperando un vuelo de Iquique a La Paz (el tránsito en el norteño aeropuerto chileno procedente de Antofagasta se hace cómodamente yendo al control de pasaportes, sin tener que salir, ni pasar nuevamente uno de seguridad) comí en la especie de cafetería la peor hamburguesa de mi vida. La terminal del aeropuerto de El Alto de la capital boliviana es entrañable por lo pequeña, vieja y destartalada.

La zona internacional sólo cuenta con una vetusta cinta de equipajes por la que sube el frío del inhóspito lugar donde está enclavada. Eso sí, por rellenar impresos, que no quede: inmigración, aduanas y divisas. Es como retroceder varios decenios, hasta el punto que los 30 km. que separan el aeropuerto del hotel, en la parte baja de la ciudad, cuestan sólo 9 euros en un vehículo del propio alojamiento. El aeropuerto “Silvio Petirrosi” de la capital paraguaya es también de juguete y tiene tan poco tráfico que la principal compañía de allí, TAM Mercosur, que es una derivación local, pero los aviones y las tripulaciones pertenecen a su matriz brasileña TAM, perteneciente a LATAM, ha clausurado incluso su sala VIP.

JAVIER TAIBO

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