Adiós al Malaysia MH370

Estamos en junio de 2014 y las bajas probabilidades de encontrar los registradores de voz y datos, las llamadas “cajas negras”, del Boeing 777 de Malaysia Airlines desaparecido en el vuelo MH370 disminuyen aceleradamente, meses después que, el 8 de marzo de este año, se lo tragara el agua, pues en tierra hubiera sido más fácil encontrarlo. Muchos piensan que los restos no aparecerán nunca y será el mayor misterio de la historia de la aviación, rodeado de toda una serie de novelescas historietas de conspiraciones, espías derribos y secuestros, sin ninguna base creíble.

Ni siquiera está claro cuál es la zona en la que penetró en el agua, en un mar de contradicciones sobre donde se precipitó, pasajeros con documentación falsa, negativas sobre detecciones de radares militares y desmentidos, señales del fondo del océano con la misma frecuencia que emiten los registradores, que luego, aunque tampoco está claro, no se confirman con la realidad, restos en la superficie que son objetos que no tienen nada que ver… Al final, nada, ni una sola pista hay a la que agarrarse.

Lo único que sabemos concretamente es que alguien desconectó intencionadamente los dos transpondedores en el límite entre dos regiones de información de vuelo, o FIR (Flight Information Regions), pero tampoco conocemos si esto fue deliberadamente para retardar la alerta o mera coincidencia. Sólo conocemos objetivamente que alguien, de la tripulación o no, quiso que los radares secundarios de control del tráfico aéreo no detectaran la aeronave. Si fueron los pilotos, o un actor neutralizó al otro, o los dos estaban de acuerdo; si fue alguien de la cabina de pasajeros, no tiene ninguna lógica que estuviera volando tanto tiempo (suponiendo que sea así), sin que nadie a bordo reaccionara durante muchas horas en el aire.

Pero está claro, salvo que nos mientan, que alguien hizo algo con afán de ocultación de lo que iba a ocurrir a bordo. Porqué, para qué, quién y cómo son incógnitas para las que no hay respuesta. No nos cabe ninguna duda que tarde o temprano en alguna playa de las costas del Pacífico o del Índico o en la Antártida aparecerá algún resto del avión, pero será imposible conocer su procedencia, merced a las mareas. Pero con las tecnologías modernas se tienen que implantar soluciones para que se sepa siempre dónde está una aeronave, como ocurre incluso con muchos vehículos.

Con el saber de hoy parecería más lógico que los aviones dispongan de comunicación por satélite para transmitir en tiempo real lo que hoy recogen los registradores de voz y datos y no repetir la vieja historia de encontrar las “cajas negras” cada vez que hay un accidente, pues los seguirá habiendo, y tener que lamentar, en ocasiones, su estado. Si hay pilotos que consideran que se viola la intimidad en su centro de trabajo, que piensen que hay muchos (empleados de comercios, bancos, entradas de centros oficiales, etc.) que laboran bajo vigilancia y nadie pone el grito en el cielo. Si ellos no quieren, habrá que pensar porqué, pero no es admisible.

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