Febrero 2014

En Barajas han intentado hacer lo mismo que en otros aeropuertos extranjeros, pero a la española. Me explico: es normal que el flujo de pasajeros tras superar el control de seguridad o de pasaportes se haga pasar por las zonas de tiendas para animarles a comprar, antes de dirigirse hacia sus puertas de embarque o salas VIP. Aquí han descubierto la pólvora, pero haciéndonos sufrir por sinuosidades estrechas y congestionadas, en las que hay que esquivar a pasajeros comprando y empleados intentando vender. Es decir, lo han hecho incómodo y obligando a caminar más.

Fui a Helsinki y volví en la turista de Lufthansa, vía Frankfurt, en todos los casos en A321 con un amplísimo espacio de salida de emergencia, un “catering” agradable, que ha desaparecido en muchas compañías, y con un precio más barato. A la ida nos estacionaron en un lugar remoto del aeropuerto germano, trasladándonos a una terminal diferente a la del avión de conexión y a considerable distancia, que resultó que también estaba en remoto. Cuando conseguí llegar a paso ligero a la puerta de embarque quedaba y poco para que este finalizara nos dirigimos en otra jardinera al estacionamiento del Airbus… que era el mismo con el que había llegado de Madrid. Así es el transporte aéreo, pero mantengo la conclusión que el aeropuerto de Frankfurt está saturado y es incómodo, a diferencia del que sirve a capital finlandesa, que es una monada.

En el retorno, en el Helsinki-Frankfurt pude tomar gratuitamente una coca-cola y un emparedado y en el tránsito me recomendaron que fuera al “Senator Lounge”, al que tenía derecho por mi nivel de Star, pero opté por quedarme en otra de clase ejecutiva, por ser más cercana a mi puerta de embarque, aunque muy bien dotada de comidas y bebidas. En el A321 a Madrid me tocó sentarme en la salida de emergencia con dos cazadores alemanes que venían a matar animales a España. Nunca he entendido que la gente se divierta matando a animales. Es más, me repele y lo rechazo absolutamente y consecuentemente fue mi actuación con ellos a bordo y en el desembarque. Otros dos que deben pensar que los españoles somos insoportables.

El que tenía al lado parecía un niño de papá mongólico y el otro era un clon creerse el duque del infantado. Como los dos veían revistas editadas para ayudar a torturar en la naturaleza, el mongólico intentó establecer conversación con el de aspiraciones nobiliarias, que le mostró su desprecio. Lo que no entiendo es que la tripulante de cabina de pasajeros le dejara al maduro hijo de papá depositar objetos en el suelo de la salida de emergencia (era como un comedor convulsivo de bombones) en el rodaje y despegue, algo que en una compañía española sería casi imposible.

Los pilotos, como siempre viven en un mundo aparte. Lejos de aprender, amoldarse y tener por la situación económica, siguen viviendo en la sala VIP de un limbo gestionado por SEPLA y saltándose cuando les interesa la seguridad en vuelo a su antojo. A algunos deberían despedirles y quitarles la licencia. Madrid-Barcelona, con el avión lleno totalmente: La cabina de pasajeros tiene cinco asientos para tripulantes en el A320 de Iberia, que está atendido por cuatro de ellos. Fui a uno de los aseos traseros y había dos polizones sentados en sus sillitas desplegables. Moraleja: cuando la tripulación ocupa sus puestos para el despegue y aterrizaje, ¿dónde iba uno de ellos?

Protesté a la sobrecargo y me dijo que esas eran decisiones del comandante y que no eran de su incumbencia. Es decir, que la seguridad en la cabina de pasajeros no era de su competencia. También le debían despedir y quitar la licencia. Que estas cosas en 2014 sigan ocurriendo quiere decir que algo funciona muy mal en el transporte aéreo en España. Por cierto, que he podido comprobar que ahora todoos los vuelos de Puente Aéreo se comercializan también con reservas y a la inversa.

Coincidí yendo a Las Palmas con el ministro Soria, volando humildemente en clase económica. Es una tontería, pero representa un símbolo de que están cambiando las cosas. No se levantó en las dos horas y media que duró el viaje y no perturbó lo más mínimo el embarque ni el desembarque, que lo hizo como todo el mundo. En la misma línea aprecié una picaresca de las pocas que creo que no había visto en el transporte aéreo.

Viajaba yo en asiento de salida de emergencia en pasillo, con los dos de al lado libres, según reservas. Como tal se cambió, cuando ya estábamos todos a bordo, al correspondiente de ventanilla una bella y modernamente bien vestida damisela, que se tapó con una manta y ocultó sus enseres de mano (regalos, básicamente, de Navidades) debajo, para que no se los pusieran en los maleteros superiores. Pensé que si algunos pilotos y azafatas permiten que vayan colegas de pie, que yo no tenía porque decirle nada. Claro que, si en lugar de ser una bella y modernamente bien vestida damisela, con una agradable y divertida conversación, hubiera sido otro estereotipo de pasajero, la cosa habría cambiado. No obstante, también era responsabilidad de la tripulación, no mía.

JAVIER TAIBO

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