El comienzo del fin de los peores años

Hay síntomas de que el tráfico y el ingreso unitario están repuntando en España, como un claro síntoma del inicio de una lenta y difícil recuperación económica, en uno de los países del mundo que más ha sufrido la crisis. Quedan atrás muchos cadáveres, especialmente compañías aéreas, como Spanair, Islas Airways y casi todas las charter; unos monumentos a una grandiosidad fuera de tono e incompetencia de la gestión pública y, seguramente, a la corrupción, como son los aeropuertos de Ciudad Real, Castellón y Murcia; y unos niveles de contratación laboral, que difícilmente volverán en los años siguientes a los de antaño.

Lo peor es que permanecen, como tumores, factores nocivos, como una autoridad aeronáutica pesada, subjetiva y que sigue sin ver a sus administrados como unos clientes que hay que cuidar y apoyar, sino más bien lo contrario, representando una traba penosa para que vuelvan a nacer compañías aéreas, con un intervencionismo en alza y sin fijar claramente su papel de motor, en lugar de freno de la actividad en el transporte aéreo.

Vuelve una fiebre privatizadora en los aeropuertos nacionales, que no deja de ser un maquillaje, cuando seguramente sería positivo que pasara la gestión a profesionales manos empresariales, que sepan superar la ineficiencia que el sector público ha demostrado en los tiempos de crisis. Es inevitable pensar que se trata de un ejemplo más de cómo sacar dinero de cualquier parte, que una voluntad real de cambio de rumbo, acorde con unas nuevas condiciones de mercado, a las que la Administración no es capaz de adaptarse con la agilidad necesaria.

Permanece también un cáncer sindical. Pese a varios años en los que importantes colectivos de trabajadores están en entredicho por sus repelentes actuaciones y que, en conjunto, han abdicado de saber estar, dónde hay que estar y cómo hay que estar, camuflando su ineficiencia y escasez de miras con conflictos bochornosos, más de defensa de privilegios que de la mayoría de la masa laboral, algunos, como es el caso de SEPLA, no han aprendido nada, pese a ser claros protagonistas activos de que las empresas de transporte aéreo en España hayan vivido algunos de los peores momentos de su historia.

La gran compañía aérea española, Iberia, ya no es tan grande y es menos española, pero sigue siendo española. El secreto de su recuperación es que todos sus integrantes, desde la Dirección al último empleado, miren y piensen decididamente en el pasajero, del que durante muchos años se han olvidado, acuciados por conflictos laborales sin fin y por una forma arcaica de hacer las cosas. Estamos seguros que si su faro pasa a ser el cliente, recuperará una posición en este negocio que nunca debió abandonar. De momento, parece que los pasajeros que más pagan y exigen regresan, motivados por una nueva actividad económica. Confiamos en que el cambio de imagen de Iberia no se quede sólo en eso. Por el momento, cambia de sede.

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