Las horas más bajas de Iberia

Iberia pasa los momentos peores desde que fue privatizada y, posiblemente, de su historia, olvidando más de un decenio en el que se situó en el “ranking” de las aerolíneas más rentables del mundo. El desarrollo del transporte aéreo está relacionado de forma directa con la situación económica de su entorno y es innecesario relatar el escenario en el que se desenvuelve, con el pasajero de negocios español diezmado por la crisis y el turístico con pocos recursos, ni ganas de viajar. Muchos critican, incluso a nivel de Gobierno, la unión con British Airways dentro de IAG, pero no nos cabe la menor duda que en la coyuntura actual la situación de la aerolínea española sería todavía peor. Los accionistas nacionales demostraron en buena parte que no tenían intención de perpetuarse en la sociedad y vendieron sus participaciones al mejor postor, contribuyendo a la atomización de la propiedad. Seguramente, los que menos están satisfechos de esa unión son los antiguos accionistas de British, que ven que IAG arrastra la pesada carga de Iberia. Esta se mueve en uno de los entornos más fuertemente competitivos del Continente, en un país donde campan por sus respetos las grandes compañías de bajos costes, y sufrió muchísimos meses de conflictos laborales, especialmente con los pilotos, que lacraron la cuenta de resultados e hicieron huir a muchos pasajeros, que querían viajar tranquilos.
Seguro que hubo errores de gestión importantes, como tratar de asemejarse con todas sus consecuencias  a una compañía aérea de bajos costes, que ni lo es, ni lo podrá ser nunca, salvo que se detuviera y renaciera. Para eso ya estaba Vueling, por la que habría que haber peleado más en todos los frentes para que fuera su auténtico vector de “low cost” en todos los ámbitos. Al no lograrlo creó Iberia Express, que fue acaparando de forma creciente su red de cortas y medias distancias menos rentable, pero manteniendo unas tarifas altas frente a Ryanair y Easyjet, lo cual no suena consistente.
En esas condiciones, Iberia tenía que haberse mantenido con un factor diferencial de calidad, por supuesto con los costes más bajos posibles, que permitiera recuperar a ese pasaje desorientado que se repartió entre la competencia, pues la otrora compañía estatal poco le aportaba, con asientos incómodos y vendiendo todo lo que podía a bordo. Para eso ya están las otras dos subsidiarias de IAG.
Tampoco es justo que se le culpe a Iberia de todos los males del transporte aéreo en España y de la precaria situación de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) por la caída de tráfico y que otras, como Air Europa, alcen las campanas al vuelo inventando que la superarán. Si Iberia suma el tráfico de sus hermanas o filiales Vueling e Iberia Express sigue estando a años luz. Quizás ha llegado el momento de utilizar a los pasajeros para tratar de subir los ingresos quitándoselos a la competencia. Y eso hay que plantearlo de otra forma.

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