Septiembre 2013

Es poco delicioso volar en Iberia Express en la última fila de su clase ejecutiva y segunda del avión, con una distancia entre asientos que requiere el uso de rodilleras y un niño detrás en la primera de turista aporreando el respaldo de la butaca y abriendo y bajando su mesita. Una vez que algunas compañías han decidido que su mejor clase sea una porquería, que se diferencia de la económica en el asiento central libre, algo de “catering” incluido en el precio y cobrar mucho más, no compensa en absoluto.

Creo que sería más coherente que suprimieran la Business. Poco me van a ver en ella en los vuelos de cortas y medias distancias. Opino que existe espacio para una compañía que ofrezca una clase con servicios muy superiores y que hay bastantes pasajeros que pagarían por ello. Lo que no es aceptable es abonar una cantidad elevada por tener a cambio un mal maquillaje, que no compensa para nada la diferencia con lo que cuesta turista. Es un engaño por el que ya no paso.

Me gustaría saber porqué en los controles de seguridad del aeropuerto de Gran Canarias siguen obligando a abrir la tapa de los ordenadores portátiles, algo que ya no se utiliza en prácticamente ningún lugar de la Europa occidental y suena a anacrónico. Sobre todo, desearía entender la razón para que allí lo exijan y en el resto de España no. ¿Tienen informaciones confidenciales que pueden afectar a la seguridad que ignoran en el resto de la red de AENA? ¿Son las otras instalaciones más inseguras? ¿O es que el responsable de ese departamento en Gando desconoce que eso no tiene utilidad? ¿No podrían estandarizar las normas? ¿Por qué no quitan de una vez la estúpida restricción sobre llevar recipientes con líquidos a bordo? ¿Por qué a un caballo regalado no le tienes que mirar los dientes?

No asimilo que hayan terminado casi al mismo tiempo una buena parte de las concesiones de tiendas y restauración en gran cantidad de aeropuertos nacionales, pero desde hace meses hay un interminable muro de Berlín con propaganda de que trabajan para nosotros a modo de “grafitis” impresos, obras que no parecen tener fin. Es una tortura, además que caducó también la del restaurante bueno (a la carta) de la terminal T4 de Barajas, que era incluso una buena opción si estaba cerca, aunque no tuviera actividad en esa instalación. Dicen que no va a haber ningún otro de esa categoría. De momento, ya no es para bien.

Otra costumbre que no me gusta es el trato de tú entre personas que no han convenido previamente tener la confianza de aplicarlo. Me dan más ganas de vomitar las paginas “web” de compañías aéreas que se dirigen a uno de tal guisa. ¿Pero qué se han creído? Todas quieren mostrarse joviales, campechanas y maleducadas con la supuesta excusa de acercarse a los clientes, sin darse cuenta que se alejan de la pequeña masa de la que realmente respiran, que son los pasajeros que más gastan en viajes. Se equivocan y lo repudio.

Me figuro la cara de un sobrecargo al que un pasajero de clase ejecutiva de 55 años le dijera por las buenas sin conocerle: “oye, dame un agua sin gas, porfa”, o “chata, ¿qué me vas a dar hoy de jamar en esta birria?”. Le dará una arcada. Pues a mi igual, a la inversa. A partir de ahora otorgaré prioridad para viajar a las “web” que traten de usted. En esto el idioma inglés no se presta a ese tipo de interpretaciones. Y en francés a nadie se le ocurriría tratarle de tú por las buenas.

En mi anterior página protesté sobre el servicio Avip de estacionamiento en Madrid/Barajas, con el agravante que había pagado por el lavado de mi vehículo y me lo devolvieron sucio. Quedaron en llamarme dos días más tarde y no lo hicieron nunca. Pues bien, lo volví a utilizar como cliente Platino de Iberia Plus y cuando regresé me encontré el coche impecablemente aseado gratuitamente, sin que yo lo ordenara, ni me hubieran informado que lo pretendían hacer. No me llamaron jamás, pero quisieron enmendar su fallo y lo consiguieron. Justo es reconocerlo.

El aeropuerto de Banjul (Gambia), a donde opera BinterCanarias desde Canarias, es delicioso, en buena parte porque hace recordar tiempos pretéritos de la aviación, si bien su terminal es seguramente el edificio arquitectónicamente más avanzado y estético del país. Independientemente que hay bastante gente intentando ayudar al pasajero para obtener una propina, al abandonar el país hay que pasar cinco controles de documentación o tarjeta de embarque, aunque con la simpatía propia de la gente de su gente, y no es anormal que alguna tarjeta de embarque la hagan como en los viejos tiempos: a mano, trámite en el que pueden dilatarse un poco. Eso sí, sus servicios de restauración son caros, como en cualquier oneroso aeropuerto occidental, pero malos. Mi breve visita a ese país representó una positiva experiencia que recomiendo, sin demasiadas pretensiones.

JAVIER TAIBO

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