Los principales socios de Oneworld se agitan

Las autoridades estadounidenses dieron un duro varapalo a la creación de la mayor compañía aérea del mundo, abortando la fusión entre American Airlines y US Airways en una empresa con 94.000 empleados, 950 aviones y 6.700 vuelos diarios. El Departamento de Justicia denunció que la unión de ambas rebajaría sustancialmente la competencia en el transporte aéreo en el mercado doméstico, lo que repercutiría en tarifas más altas en los billetes. Varias instancias judiciales –la división antimonopolio de ese Departamento, el Distrito de Columbia y los fiscales generales de Texas (por encontrarse en este Estado la sede de American), Arizona (donde está US Airways) y otros estados– bloquearon la operación. Este movimiento cogió por sorpresa al sector y complicó la situación económica de American, que desde noviembre de 2011 está acogida a la protección del Capítulo 11 de la Ley de Quiebras, equivalente a un concurso de acreedores español. El fiscal general estadounidense, Eric Holder, explicó los motivos de manera transparente y con contundencia: “Al desafiar el avance de esta fusión, el Departamento de Justicia quiere transmitir que los estadounidenses se merecen algo mejor. Los consumidores tendrían que pagar el precio de esta fusión con mayores tarifas y menores opciones”. La resolución llega después que la Comisión Europea autorizara esta operación, que daría lugar a una sociedad valorada en 8.300 millones de euros, aunque con algunas condiciones, como la liberación de una franja horaria de aterrizaje y despegue (slot) en el aeropuerto de Londres/Heathrow.
Si hubiera prosperado la oferta, US Airways habría abandonado la alianza Star para sumarse a Oneworld, en la que participa American y en la que están Iberia y British. En varias ocasiones la matriz de ambas, dirigida por Willie Walsh, ha señalado su intención de comprar una participación en American. Sin embargo, el bloqueo de la fusión complica el futuro de ésta, que tenía que celebrar inminentemente una vista con los acreedores. Queda por ver la respuesta de ambos grupos, que ya habían logrado el apoyo de los sindicatos a los planes de la fusión, pese a que conllevará recortes salariales y despidos.
Por su parte, IAG, el propietario de Iberia, British y Vueling, formuló un pedido a Airbus para adquirir 220 aviones, de los cuales hasta 120 formarán parte de la flota de Vueling a partir de 2015. El acuerdo incluye 62 ejemplares en firme de la familia A320 y 58 opciones que podrán ser entregados hasta 2020, todos ellos para la aerolínea con base en Barcelona. Los nuevos aviones se destinarán a reemplazar parte de su flota actual compuesta de A320 y ampliar la presencia internacional de la compañía que ya preside Alex Cruz, en lugar de Josep Piqué.
El resto de encargos (100) se destinaría a British e Iberia. Recientemente, IAG realizó pedidos de 18 aviones Boeing 787 y 18 Airbus 350 exclusivamente para la aerolínea británica. Estas operaciones no implicaron ningún pedido en firme para Iberia. El consejero delegado de IAG, Willie Walsh, señaló que ningún avión irá a parar a la aerolínea española hasta que los planes de reestructuración den sus frutos.

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