Junio 2013

La benigna situación económica de Perú hace que el aeropuerto internacional de Lima/“Jorge Chávez” esté llegando a la saturación y eso afecte especialmente a los controles de seguridad e inmigración, en los que hay que esperar tediosas y desorganizadas colas casi permanentemente, convirtiéndose en un flagelo a la entrada y a la salida. Deberían hacer algo para solucionarlo. Su sala VIP se jacta de ser merecedora de numerosos premios. Todos los que vamos por allí pensamos que deben de pagar por ellos, porque es mala, incómoda, sucia, anticuada y saturada. Casi es mejor estar en las zonas de espera normales. En un Lima-Madrid en mayo en Iberia cumplí mis 10.000 horas de vuelo desde que despegué del suelo en una aeronave (un Boeing 727 de Iberia) por primera vez, con 17 años. Desde entonces, por “hobby” decidí llevar un registro de mis traslados. Con el tiempo dejó de ser un afición, pero descubrí que era una herramienta muy buena para recordar cuándo había hecho algo y seguí anotándolo.
En Buenos Aires/Ezeiza conocí tangencialmente (ya que suelo estar la mayor parte del tiempo en la sala VIP de American Express, que está en una zona más antigua y ofrece una confortabilidad superior) la nueva remodelación de la terminal, ya que el vuelo de Iberia estaba allí aparcado. Moderna, pero no con la espectacularidad que anunciaron, aluciné con el hecho que en una instalación de ese calibre que atiende a la capital argentina sólo hubiera una campana y un escáner de seguridad para todos los pasajeros. Por lo menos allí han obviado la necesidad de rellenar un impreso de inmigración para entrar o salir, que realmente considero anacrónico, especialmente con la extensión de los pasaportes con información digitalizada, aunque en Lima me dijeron que el exigirlo ofrecía determinado refuerzo jurídico.
Donde vamos hacia atrás es en España, como consecuencia de nuestra pesadumbre y dramática situación económica, pero también por nuestra mentalidad y falta de profesionalidad y coherencia, propia de que seamos más africanos que europeos. Así nos va. Lo de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea) es una tomadura de pelo. No sólo han subido las tasas aberrantemente, sin siquiera sentarse con los damnificados y arriesgándose a sanciones de la UE, lo que les está llevando a dar un paso atrás, sino que Madrid/Barajas (en vías de propagarse a otros nacionales) es el único aeropuerto del mundo que yo conozco donde cobran por utilizar los carritos de equipajes. Eso sí, han recuperado las históricas fichas de teléfono de los años sesenta, que se consiguen en una máquina de cobro automática.
Y eso no es lo peor: llegando de Lima y, desgraciadamente, necesitando uno de ellos, de las dos máquinas que había, una estaba fuera de servicio y en la otra había cola, entre otras cosas porque no acababa de leer la banda magnética de una maldita tarjeta de crédito. Con este agravante, el presunto servicio de aparcamiento VIP (Avip), que utilizan algunas compañías aéreas para sus mejores clientes y que lo puede usar cualquiera individualmente pagando, algo que no compensa en absoluto, del aeropuerto madrileño ha dejado de ser VIP.
Antiguamente, el empleado de Avip estaba presto para recibir al cliente con su vehículo o para entregarle las llaves solícitamente. Las últimas veces estaban apoltronados en su casetita, adonde hay que acudir como si fuera para recoger el “ticket” del estacionamiento y para abonarlo. Para colmo, como ahora los carritos de equipajes son de pago, ya no tienen allí “stock” para los usuarios, sino que le envían a uno a una distancia no aceptable para pagarlo y recogerlo. Si a eso le añadimos que su accesibilidad a la terminal es mala, yo que Iberia y las otras les anularía el contrato y ofrecería a sus mejores clientes pagarles el estacionamiento normal, ya que Avip no aporta ya nada positivo diferencial, casi al contrario. En algún momento fue un servicio agradable.
Volví a volar con la nueva configuración de Premium Business de los Boeing 767-300ER de Lan y, definitivamente, la encuentro menos confortable. En beneficio de una mayor privacidad, la butaca es más estrecha e incómoda, ya que el respaldo y el asiento son sensiblemente más duros. Me encontré a un pasajero en mi asiento hablando con la señora de al lado, que había decidido que yo me cambiara al suyo, a donde, por supuesto, regresó. Cómodamente sentado en mi lugar me dijo que si no me importaba que me cambiara a su butaca de ventanilla. Me limité a decirle que si me importaba.
Viajé nuevamente Air Europa y mejor que no lo hubiera hecho. Rodando por Barajas hacia Palma, le dije a la azafata que hizo la demostración de seguridad que un piloto que iba como pasajero en Business (dicen ciertas lenguas que van con un billete con tarifa plena para luego pedir la bonificación de residentes y visiblemente les tratan mejor que a los pasajeros de pago, mientras los pilotillos nos molestan hablando a distancia entre ellos, como si estuvieran en su casa) utilizaba su teléfono móvil, preguntándole qué diferencia había para la seguridad entre que lo hiciera yo o alguien con galones con cuatro barras. A la vuelta, rodando en Son Sant Joan, le tuve que hacer notar a la sobrecargo, tras chequear supuestamente que la cabina estaba asegurada, que el piloto que iba delante de mi llevaba el respaldo de su asiento reclinado. En ambos casos me hubieran montado a mí un pollo si yo fuera el protagonista.

JAVIER TAIBO

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