Y Sepla otra vez

Costó trabajo, sufrimiento y riesgos, pero la inmensa mayoría de los sindicatos y la empresa se sometieron a lo propuesto por el mediador, que habían aceptado todas las partes, para dar una solución al largo y demoledor conflicto de Iberia y marcar una senda de futuro para esta compañía. Como siempre, la figura lacerante y disonante, ha sido ese Sindicato que había proclamado la necesidad de unidad con los otros colectivos y que había criticado tanto a la dirección de Iberia y de IAG por no consensuar un plan admisible para todas las partes. Como siempre, SEPLA (Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas) es el que se ha despegado de los otros en un vuelo sin sustentación, rechazando el acuerdo propuesto por el mediador. La aberración de SEPLA es más inaceptable si cabe y deja en entredicho a aquellos que ingenuamente parecía que les apoyaban, sin saber con quién se jugaban los cuartos y, muy especialmente, a la ministro de Fomento, Ana Pastor, como todos los recién llegados que asumen las falsedades que proclaman para tratar de convencer a los ignotos, ocultando que se trata de un lobo con piel de cordero. SEPLA, defensor de la españolidad de una compañía que nunca ha dejado de ser española, ha puesto a Iberia en la picota y en grave riesgo de cierre.
Mientras tanto, medran todas las compañías a las que SEPLA detesta y en donde no tiene ni la más mínima representación, a cuenta de un conflicto laboral eterno y de una situación de costes que clara y ciertamente amenaza la supervivencia de una aerolínea a la que dicen proteger y que han llevado al precipicio. Pocas soluciones quedan y, entre ellas, una política laboral severa con ese colectivo que le ponga en su sitio. Si no, el cierre cada vez es más inevitable.
En todo este largo y tedioso conflicto echamos de menos que entre los trabajadores y los directivos se hayan obviado mensajes en beneficio de lo que más les debería importar: los clientes, los pasajeros. Parece que a nadie le preocupa, pero son ellos los que, al final, pondrán las cosas en su sitio: son los que pagan todo y los que, sin duda, se alejan de los trabajadores, que pocas veces se han interesado por ellos, excepto cuando les utilizan como rehenes de cara a sus reivindicaciones laborales.
En este negativo contexto hay que felicitar a los accionistas pasados y presentes de Vueling, que ha demostrado que no sólo es una magnífica compañía, sino objeto de deseo de las grandes y, pese a todo, IAG es de las grandes. Vueling es esa compañía que, por los devaneos sindicales y las inaceptables bajadas de pantalones de directivos de Iberia para evitar lo que ahora está ocurriendo, no puede crecer en Madrid por obra y gracia de SEPLA y obligó a crear Iberia Express, generando todo este largo conflicto que la opinión pública rechaza. El mercado ha puesto a Vueling en el lugar que SEPLA intentó impedir. ¿Estos son los sindicatos que queremos? Nosotros no.

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