Por fin, el cambio

Cuando esté en la calle este ejemplar de nuestra revista, el nuevo Gobierno del Partido Popular está a punto de asumir sus nuevas y complicadas funciones. No lo va a tener fácil, pero en esa opción política han puesto sus esperanzas la mayor parte del pueblo español. La verdad es que no es creíble que las cosas pasen a estar peor y confiamos que se entre en la senda de la investigación, desarrollo e innovación y de unos servicios creíbles y a su justo precio, dejando de lado la economía especulativa y el gasto público desenfrenado e impagable.
Es en la tecnología y en los servicios donde está el único futuro de la vieja y cara Europa, que es incapaz de producir competitivamente frente a los costes de los países emergentes y periféricos, así como en el abandono radical de la especulación, origen de muchos de los males, alimentada por gobiernos ineficaces y utópicos y unos ciudadanos acostumbrados a vivir demasiado bien sin moverse del sofá. Ya que no tenemos el control de la política monetaria, debemos conseguir ser más baratos para mirar el horizonte con tranquilidad.

En la mesa de los nuevos gobernantes está el poner en los lugares claves a buenos y honestos profesionales, que lleven el timón de este viejo y fatigado barco que es España y asuman decisiones que han quedado pendientes, como la privatización de los aeropuertos españoles, una apuesta clara por la industria innovadora y competitiva, un apoyo coherente al sector clave de los servicios, el turismo, y un impulso decidido a las exportaciones que suplan la merma en el gasto público que se avecina.
Algo parece que va a acompañar positivamente el cambio: el incremento sostenido en el tráfico aéreo y las cifras record de llegadas de turistas y esto hay que aprovecharlo. La industria aeronáutica y el transporte aéreo deben ser un foco de atención permanente que permita que sean motores de nuestra maltrecha economía y fuentes de creación de empleo, asunto este último que debe ser la mayor preocupación de la nueva Administración. Tenemos, además, un puente con una de las regiones del mundo que apenas ha sentido la crisis, Iberoamérica, y esto lo tenemos que utilizar.
Ha llegado la hora de dejarnos de tonterías, de abandonar la política barata, demagógica y corrupta y de reconocer que somos más pobres de lo que creíamos. Asumámoslo y trabajemos todos juntos. Un Gobierno con la fuerza de una mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados y en el Senado puede comprometerse con muchos asuntos y desdeñar otros que son lesivos para el conjunto del país. Es lo que ha querido el pueblo español y es la esperanza. Los próximos cuatro años van a ser claves para proyectar a España y Europa hacia los siguientes decenios. No queda tiempo y tenemos que volver a una altitud de crucero que, ojalá, sea lo más alta que podamos alcanzar entre todos. El futuro es nuestro y no sólo de nuestros políticos.

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