Mi página, noviembre 2011

Saliendo de la sala VIP “Miró” del aeropuerto de Son San Juan noté que me faltaba la cartera, llena de tarjetas de crédito y con bastante dinero en efectivo. Aunque estaba embarcando, volví al control de seguridad y allí me dijeron que se la habían dado a un guardia civil que fue a buscarme por la terminal. Me la entregó salvando una complicada situación, ya que incluso mi documento de identidad estaba dentro y me hubiera impedido volar. Los empleados de seguridad y el agente de la benemérita actuaron de una forma que nunca podré agradecer suficientemente.
Si bien no era la primera vez que estaba en Venecia, si suponía una novedad para mí trasladarme de un aeropuerto a la ciudad en un precioso barquito taxi, que era de todo menos barato, a la par que muy apetecible, dejándome en el embarcadero del propio hotel. Si alguien no le gusta la T4 de Barajas, que me encanta, que vaya a Roma/Fiumicino. Viajando a Génova, ida y vuelta en el día, tanto en la salida como en el retorno el avión estacionó en remoto (y para ir desde allí a Palma también, es decir, todas las veces). Alitalia sigue dando en los enlaces domésticos, refrescos, café y aperitivos dulces y salados a sus clientes, lo cual se agradece, y la puntualidad que registré suena a raro con los parámetros de España. El hecho de ser de la categoría Platino del programa de viajeros frecuentes de “Skyteam” le permite a uno embarcar antes que todos sin hacer cola, lo cual es una ventaja.

Lo que también es curioso en Roma -en Génova es más justificable por el tamaño del aeropuerto- es que las salas VIP están antes de los controles de seguridad -que en todos los casos que los utilicé estaban atiborrados- lo cual produce una cierta inquietud de cara al acceso a las puertas de embarque, por lo que decidí aguardar en la zona de espera de la puerta correspondiente, engullendo un trozo de “pizza”, que era más malo que una paella hecha en Nigeria.
El Vueling de Fiumicino a Palma tuvo uno de los embarques más descoordinados y peores que he tenido en mi vida, saliendo inexcusablemente tarde, por supuesto con el avión en remoto. Empiezo a estar hartito de que cada vez que hay un retraso, es decir, casi siempre, en las compañías españolas las explicaciones que dan a bordo se limitan a excusarlo por la llegada tardía del avión del vuelo anterior. Vaya inmensa perogrullada y sería más honesto que se callaran.
Como mucha gente sabe, cuando se llega a la T4 de Barajas procedente de la T4S en el tren automático, existe la posibilidad de subir a la planta de salida de la terminal, recogida de equipajes y conexiones a las puertas H, J y K por escaleras mecánicas o mediante un ascensor sin paradas intermedias, que sólo se puede utilizar en el flujo de ascenso, nunca de descenso. ¿Por qué no lo programan para que, una vez que ha dejado a sus usuarios arriba, baje el solito, para no hacer siempre esperar a los clientes, que tienen que llamarlo? ¿No se le ha ocurrido a nadie?
En un Spanair, también a Palma, le hice notar al sobrecargo que la luz de lectura no funcionaba, pero no había otro asiento al que cambiarme. No sólo me dijo que tan pronto como pudiera pondría la iluminación de cabina alta para que pudiera leer, sino que lo cumplió y, además, pretendió invitarme a algo en vuelo para compensar, lo cual salió gratuito, pues lo rechacé (no por ser un maleducado, sino porque no me apetecía nada). Así se solventan las dificultades dando una excelente imagen a los clientes.
De noche volaba en LAN Perú en código compartido con Iberia. LAN, que tiene una fama tan buena, hace cosas que dejan alucinado y en esa ocasión dos: una tripulante de cabina de pasajeros abrió por la noche mi maletero y, ni corta, ni supongo que perezosa, cogió varias revistas personales para llevarlas a su cocinita, lalaralarita. Para su desgracia, yo estaba despierto. Creo que no lo volverá hacer nunca más. Otro auxiliar, sin preguntar, decidió agarrar el maletín con el que porto un ordenador por todo lo largo y ancho de este mundo y cambiarlo de maletero. Creo que tampoco lo volverá hacer más.
Pienso que, o yo soy un perfecto imbécil, que es lo más probable, o comprar un billete en lan.com es lo más complicado y oneroso que puede haber en Internet. El 80 por ciento de las veces que lo intento, el sistema no finaliza la transacción y tengo que llamar a su central, normalmente a horas que su servicio en España no funciona, con lo cual gasto dinero en conferencias intercontinentales. Si pruebo a adquirirlo a través de su portal en España, se impide porque es un segmento interamericano y el sistema se mosquea; si lo hago en el sitio del país de origen, lo mismo, porque mi tarjeta de crédito y mi residencia son españoles; y todo ello complicado porque se les han borrado todas las claves. Una noche tuve que llamar cuatro veces a Santiago de Chile y acabé colgando el teléfono.
JAVIER TAIBO

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