Mi página, junio 2011

A la nueva terminal de Barcelona le falta un “fast track” para los pasajeros de Business y, sobre todo, para las escasas compañías que operan con primera clase. Desde que la abrieron, dije que la zona de control de seguridad era escasa para el tráfico de este aeropuerto y así se aprecia, aunque lo suplen con personal que agiliza con bastante éxito las colas. El área destinada a embarque de vuelos con destinos a países no firmantes del Tratado de Schengen no es muy cómoda, hasta el punto que son los propios policías del control de pasaportes los que sugieren a los pasajeros que no ingresen todavía si resta un cierto tiempo para su embarque. No obstante, cuenta con una sala VIP razonablemente interesante.

Empiezo a notar las carencias de Vueling con respecto a Iberia en las crecientes rutas de la segunda que va a asumiendo la primera. En primer lugar, cuando menos en el aeropuerto de Mallorca, no se puede facturar hasta dos horas antes de la salida, lo cual hizo que tuviera que recorrer por la preciosa Palma el maletón que acarreaba desde Madrid para ir a una cena y luego seguir a Barcelona. En todo caso, con cautela, tengo que reconocer que no es un mal producto, tal como idearon Carlos Muñoz y Lázaro Ros en la primitiva Vueling, antes de su fusión con Clickair.

Me sigue gustando el que, pagando un suplemento de 25 euros, se pueda comprar un asiento de las tres primeras filas llevando el central libre, algo que ya he hecho varias veces, aunque, desgraciadamente, en la última me ha tocado padecer uno de la segunda. La distancia entre butacas de altísima densidad es incompatible con el tamaño de mis piernas, con lo cual, o voy en la primera, o en salida de emergencia, por la que también hay que pagar. En realidad hay que pagar por todo lo que no sea un asiento normal de alguien sin equipaje, lo que excusan porque es su método para poder ofrecer las tarifas más bajas del mercado, que en varias ocasiones he podido comprobar que no lo son.

Estuve en los aeropuertos de Río de Janeiro y de São Paulo, en un país cuyo progreso es palpable y acelerado, pero al que no le acompañan las infraestructuras, que deberían estar en construcción para los dos grandes eventos deportivos mundiales que tendrán lugar en los cercanos años venideros. Sus terminales siguen siendo como de los años setenta y ochenta, saturadas de usuarios y ya no aguantan más. En esta ocasión hice un vuelo de ida entre los dos y su correspondiente retorno en turista de Tam, porque en su “web” no me ofrecía la ejecutiva, pese a que a bordo vi que sí tenía, quizás porque ridículamente sólo se comercializa para los vuelos de conexión internacionales.

En todo caso, a la ida me adelantaron, en lista de espera inicialmente, al vuelo anterior y en el regreso descubrí que como titular del máximo nivel de la alianza Star, a la que no me acordaba que pertenecía esa aerolínea, me asignaron un asiento de salida de emergencia, que se vende más caro, como parece que ya es la moda mundial. Para ir de Río/ Galeao a São Paulo/Guarhulos tuve que pasar control de pasaportes (que me sellaron por error, ya que el funcionario no se dio cuenta que sólo hacía el segmento doméstico) y a la llegada también, e incluso aduana. Lo tienen mal organizado los muchachos de Infraero. Una vez más lo pasé fatal por el tráfico yendo al aeropuerto de Río de Janeiro, otro gran problema de ese gran país, que no ha sabido adaptarse a su evolución en muchos aspectos.

Entre Madrid y Palma en Air Europa (en la cual he dicho ya en otras ocasiones que no vuelvo a volar en su Extra Crew Class) en clase turista, viajando con perrito en cabina, una tripulante de cabina de pasajeros vino a decirme encantadoramente, cuando ya estaba aposentado, que tenía un sitio en la salida de emergencia para que fuera más cómodo, algo que intentan hacer -pero no siempre- como norma en la alianza Skyteam cuando detectan que vuela en esa clase un titular de la máxima categoría de su programa de viajeros frecuentes, lo cual rechacé por el chucho, incompatible con ese lugar crítico en una evacuación, pero lo agradecí mucho. Un magnífico detalle, realmente.

Tuve una bronca con un John Wayne de la T2 de Madrid. Sólo funcionaba una campana de metales de las cuatro que hay en ese acceso. Le pregunté por qué (había una cola de pasajeros considerable) y me dijo el chuleta que lo preguntara en el mostrador de información de AENA. Le insistí que se lo preguntaba a él y que me dejara ver su identificación (según él no tenía por qué).

Acabó apareciendo una profesional Guardia Civil, que, a instancias mías, le instó a que tuviera visible su tarjeta de seguridad de Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea. El susodicho amenazó entonces con denunciarme, no sé muy bien con qué motivo, salvo que un juez considere que llamar incompetente y maleducado a un incompetente y maleducado sea delito. AENA debería dar cursos de trato al cliente a sus empresas contratadas.

Javier Taibo

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