Otra erupción en el transporte aéreo

Potente país es Islandia, que ha conseguido convertir todavía más en cenizas la dramática situación del transporte aéreo, aunque sea a golpe de una inesperada erupción volcánica. No obstante, algunos, afortunadamente, se han beneficiado de ello, como ciertas empresas meridionales y especialmente los atiborrados hoteles en los que se han tenido que instalar los afectados, al no poder regresar a sus países de origen. El exceso de celo en los temas de seguridad nos ha llevado a los europeos a parecer tercermundistas y de estar más cerca de la falta de predicción del calendario maya, que, si fuera cierto, parece que va más porque México sea un estado fallido a golpe de mafias y delincuencia, que por una proyección global.

No puede menos que calificarse de inicialmente desmesuradas sus drásticas decisiones y tardío el análisis de la situación por parte de las autoridades de los países el insólito caos que se ha producido. Es importante que aprendermos las lecciones de cara a catástrofes que se pudieran producir y para las que, evidentemente, no estamos preparados y, encima, en el vitoreado (al principio) semestre de Presidencia española de la Unión Europea, que mucho nos tememos que no va ser recordado por los éxitos ni imagen a nivel de nuestros socios. Parece que nuestros conciudadanos continentales nos miran cada vez con más pena y pesar y, si no fuera por la que tenemos encima, con sorna.

No se puede cerrar un espacio europeo sólo por ser precavido y por ignorancia. Hoy, semanas después, casi se ha olvidado, pero ha sido peor para el transporte aéreo que las consecuencias del 11 de septiembre, especialmente porque puede volver a ocurrir y no sabremos qué hacer. Sólo ha servido para que unos responsabilicen a Eurocontrol, otros a las autoridades del ramo y los demás a los gobiernos en pleno, ya que nadie ha aplaudido las medidas que se pusieron en práctica. Al final sólo quedan las discusiones de quién y qué tiene que hacer, mientras la casa sigue sin barrer.

Entre medias afloró la gran injusticia de la normativa europea sobre los derechos de los pasajeros, que debería dar paso a una profunda reflexión y a cambiar ciertos contenidos. Un volcán emite una nube de cenizas inmensa, las autoridades deciden cerrar los espacios aéreos y las maltratadas aerolíneas por la crisis global se ven obligadas a pagar gastos de hotel y de estancia a unos clientes, por algo que ellas no tienen la culpa, motivado porque los gobiernos han actuado osada y precipitadamente en una buena parte de los casos.

Si alguien tiene que pagar deben ser esas autoridades y, como eso lo hacen con los impuestos que recaudan de todos, en vez de que desembolsemos por los inconvenientes que han causado a algunos, deberían ser esos algunos los que asumieran los gastos de alojamiento y sostenimiento, pero nunca las aerolíneas que se han visto abocadas a dejar sus flotas en tierra, incluso contra su voluntad. Si queremos seguir destrozando el transporte aéreo en Europa, vamos por buen camino.

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