Atasco por muchos lados

Hay que felicitar a Boeing: 26 meses después de su salida oficial de fábrica (roll-out), el 787 “Dreamliner” sigue sin volar y los medios de comunicación no vibran por el escándalo, tal como suele ocurrir con noticias mucho más pobres en relación a Airbus y a su matriz, EADS, lo cual no impide que lentamente se vayan cancelando pedidos de sus otrora ilusionados clientes. El constructor de Seattle tampoco parece inmutarse demasiado por su falta de pedidos de aeronaves, muy inferiores a los que ha anunciado este año su rival europeo. El prometedor primer aeropuerto comercial de capital privado, el de Ciudad Real, al que nadie le augura ningún éxito, no acierta ni en su oposición al concurso de acreedores instado por uno de sus proveedores. Le debe dinero a todo el mundo y sus ingresos son escasos, hasta el punto que su futuro es muy negro, salvo que alguien decida que se lo quede Aeropuertos Nacionales y Navegación Aérea, cuya vocación centralizadora parece hoy más forzada que voluntariosa.
Iberia no da pistas sobre qué pretende hacer con respecto a alguna eventual fusión con otra de las grandes europeas, aunque la opción de British Airways se antoja cada vez más lejana, ni está suficientemente clara la razón principal del cambio de un presidente por otro, acompañado de un consejero delegado. No es que lo consideremos negativo, sino que no se sabe la razón real. Lo cierto es que la empresa mantiene el tipo frente a las fuertes turbulencias del sector y que su solidez, forjada con muchos años de beneficios continuados, le permite seguir su rumbo.
Se esperan cambios, que no acaban de llegar, en la Dirección General de Aviación Civil y en la Agencia Estatal de Seguridad Aérea, que otorguen una mayor coherencia y agilidad en sus actuaciones. La estructura basada en las delegaciones de Seguridad en Vuelo se ha mostrado como ineficiente, subjetiva y escasamente profesional y tiene que pasar aceleradamente a un nuevo escenario más competente, como el de otros países europeos. Confiamos mucho en el nuevo máximo responsable de los dos entes y seguro que a corto plazo generará positivas noticias, como ya ocurre con su colega de AENA, que ha agarrado con tenacidad el timón de la gestión.
Por el bien de todos, una vez transcurridas las reconfortantes vacaciones de verano, auguramos que lentamente todo vuelva a tornarse en positivas noticias y en una esperada, aunque lenta, o posiblemente lentísima, recuperación. Lo importante es que el viento y, consecuentemente, la pista en servicio cambien para que, pese a las lacras del pasado, la aviación comercial ascienda a cualquier ritmo al nivel que la recuperación de la economía precisa y que, sin duda, necesitamos los españoles. Además de ayudas al sector del automóvil y repartos de financiación autonómica, alguien a nivel estatal debería acordarse de apoyar coherentemente al principal área del sector de servicios nacional, el turismo, y, por tanto, el transporte aéreo.

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